Reseña a Leonor Orozco y Alonso Guerrero Galván (coords.). 2017. Estudios de variación geolingüística. Secretaría de Cultura/Instituto Nacional de Antropología e Historia: México, 613pp.

Dora Pellicer1

Cuadernos de Lingüística de El Colegio de México, 2019


El título de este libro refiere a tres aspectos fundamentales del conocimiento sobre las lenguas: su variación, sus determinantes sociales y su distribución espacial. Los coordinadores de la obra han preparado un bien logrado prefacio que ofrece el resumen de 21 artículos ordenados en cuatro apartados que se internan en el estudio de variación geolingüística y el establecimiento de áreas dialectales. Sus denominaciones son indicativas de la materia que reúne cada uno: aspectos sociolingüísticos, variación fónica; variables léxicas y morfosintácticas, y variación léxica y morfosintáctica.

La geolingüística ha enriquecido la práctica dialectológica tradicional al integrar el contexto social y el contexto geográfico de las lenguas. Ambos componentes se nutren de datos cualitativos, pero al igual que la geografía humana moderna, comparten la entrada del método científico cuantitativo a las ciencias sociales y su léxico formalizado. Recurrir a matematizar los datos sociodialectales se justifica en razón de la precisión que ofrece para presentar los resultados de investigaciones sobre la dispersión espacial de los elementos lingüísticos. Sin embargo, no todos los artículos del presente libro responden de igual manera a esta exigencia científica. No se postula un único arquetipo teórico o metodológico de descripción y análisis de la variación y de las fronteras geolingüísticas. Se ofrecen en cambio, diversas formas de aproximación a su estudio desde distintos niveles y perspectivas. Presento a continuación los artículos de este libro siguiendo el orden en que aparecen.

Luis Ortiz explica acuciosamente en su texto las razones y consecuencias de un contacto de desigualdades étnicas, lingüísticas, sociales y económico políticas. Se trata de la frontera de dos Estados antillanos, cuyas lenguas criollas son históricamente el reflejo de dos colonizaciones distintas, francesa en Haití y española en Santo Domingo. El autor da a conocer las historias de colonización y de independencia, pero también de distanciamiento cultural, así como un presente que se caracteriza por la hegemonía del Estado dominicano. Este dominio se traduce en un capital económico del español sobre el criollo haitiano, pero no con una pérdida de identidad. Los datos obtenidos en entrevistas informales inspiradas en el método laboviano testimonian que en esta frontera hay una situación bilingüe dispar que se define por el uso de un español instrumental de subsistencia y permanencia, y por el mantenimiento de “el criollo haitiano [que] cumple la función social […] de unidad étnica entre los haitianos y también de separación étnica frente a los dominicanos.” (p. 41).

El artículo de Miroslava Cruz Aldrete y Julio Serrano lleva a cabo un estudio inicial de la distribución geográfica y la estructura sociolingüística de la lengua de señas mexicana (LSM). Con este objeto recupera la trayectoria histórica de tres comunidades de sordos en el país: D.F.1 Guadalajara y Tijuana. Con datos documentados desde los años 80 del siglo xix y entrevistas a maestros y dirigentes de distintas asociaciones civiles sitúan el momento y condiciones sociales de la introducción de la LSM y el debilitamiento del uso de la Lengua de Señas Americana (ASL) que la antecedió en las dos últimas comunidades mencionadas. El estudio de ambas lenguas se sustenta en una metodología cualitativa que permite obtener tanto ejemplos de uso comunicativo de los “señantes” de cada comunidad como sus propios comentarios perceptivos de las similitudes y diferencias con las otras comunidades. Los resultados muestran un empleo generalizado de la LSM con algunas variaciones regionales o personales. En lo que corresponde al contacto, la presencia de ASL en la LSM se explica principalmente por dos causas: el fenómeno migratorio de ida y vuelta, frecuente en Guadalajara, y la proximidad fronteriza, asociada a una migración más intensa en Tijuana. El anexo, al final del artículo, presenta ejemplos de la ASL que se hacen presentes en conversaciones espontáneas en la LSM tijuanense. Al finalizar, los autores hacen el señalamiento de aquéllas áreas de conocimiento que falta integrar al estudio de la dinámica sociolingüística de la LSM.

Las raíces históricas de la inmigración a Estados Unidos marcan sus inicios en el siglo xviii posteriormente a su independencia. Claudia Parodi se aproxima al problema sustentada en una amplia revisión bibliográfica que resume información sobre los estudios que se han llevado a cabo a propósito del multilingüismo actual en los EEUU. En una segunda parte, compendia su investigación sobre la situación las 13 lenguas más habladas en la ciudad de Los Ángeles de acuerdo con el censo del año 2000. Para este estudio preparó un extenso cuestionario, que se incluye en un anexo, el cual fue aplicado a 26 informantes, 2 de cada grupo étnico. La autora señala (p. 88) que “los datos se procesaron de manera relativamente abreviada en una tabla de Excel a fin de poder compararlos.”. No ofrece, sin embargo, los resultados cuantitativos obtenidos ni los resultados comparativos. Comenta únicamente la situación de las lenguas censadas con referencias generales sobre los efectos de la situación de diglosia, la hegemonía del inglés en la educación, los problemas de las escrituras no alfabéticas, la estigmatización del inglés afroamericano y del inglés chicano, entre otros aspectos de la problemática multilingüe. Explicar la actual situación multilingüe, así como las políticas cambiantes y selectivas hacia los migrantes, es un campo por demás extenso y complejo. A pesar de la información diversa que ofrece este artículo, la intención que expone su título no se cumple plenamente.

Los estudios perceptuales enriquecen la noción sociolingüística de evaluación al ofrecer índices más concretos sobre la identificación de las variedades de una lengua por parte de sus hablantes. Manuel Díaz Campos y Jason Killam se acogen a esta vertiente en su estudio de áreas dialectales del español en Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, España y México. El experimento ofrece pruebas significativas de la habilidad perceptiva de los hablantes para el reconocimiento de dialectos del español. Esta percepción es cambiante de acuerdo al país de origen, al sexo, a la edad y a las situaciones o experiencias de contacto con otras lenguas o variables. Los programas seleccionados para el análisis de las respuestas de los participantes, permiten la medición puntual del papel de su experiencia lingüística, de sus datos sociodialectales personales, de sus respuestas a las variables escuchadas y ofrecen la puntuación porcentual precisa de los resultados. En particular el programa ADDTreeP colaboró al establecimiento de áreas dialectales de acuerdo a la percepción de los hablantes. Al terminar su exposición los autores plantean la simbiosis posible entre evaluación y percepción: “queremos hacer notar que los estudios de la percepción ofrecen datos concretos que contribuyen al estudio del problema de la evaluación tal como lo plantea Labov.” (p. 132).

El artículo de Pedro Martín Butragueño sobre el contacto dialectal entonativo introduce, en este libro, el espacio de la prosodia. Se trata de una provechosa contribución sobre todo si consideramos el escaso conocimiento existente sobre la diversidad prosódica del español mexicano. La hipótesis inicial propone un área central que contempla hablas del norte: Sonora, del centro: D.F. y un área periférica de hablas de Yucatán. La caracterización de estos grupos apela a una rigurosa metodología que ofrece tanto datos cuantitativos de orden social e individual como cualitativos de orden personal los cuales han recibido evaluación de cinco jueces. Desde la perspectiva geoprosódica, se postulan y analizan tres rasgos de prominencia que influyen en los procesos de acomodación lingüística, parte inherente del contacto: escalonamiento sostenido septentrional, entonación circunfleja central y descenso nuclear yucateco. Asimismo, se miden competencias sociales individuales como edad, género, identidad y prestigio del dialecto de origen. Las conclusiones a las que conduce esta evaluación son preliminares y apuntan la pertinencia de un mayor número de estudios perceptuales.

La ciudad norteamericana de Los Ángeles vuelve a ser escenario de investigación, pero circunscrito, en este artículo, a la comunidad chicana cuyos rasgos geoprosódicos y sociodialectales son tratados por Yolanda Congosto Martín. Su estudio es parte de tres proyectos amplios de carácter internacional sobre características prosódicas de las lenguas del mundo. Lo anterior explica la validez de llevar a cabo con solo una pareja de concurrentes femeninas miembros de la comunidad hispana, un análisis prosódico de enunciados declarativos e interrogativos absolutos. Una de las participantes, nacida en México, es inmigrante desde hace 30 años. La otra nació en Estados Unidos de padres mexicanos. Los datos fueron recogidos en un proceso de encuesta personal sobre terreno, a lo largo de dos años. El estudio analiza la sucesión y la duración del sonido de los enunciados. Los resultados se encuentran ordenadamente explicados y resumidos en cuadros comparativos a más de estar expuestos en gráficos de secuencias y barras. Al inicio del estudio la autora acoge las tres áreas del español mexicano propuestas por Martín Butragueño (supra) para observar si trascienden la frontera norte o si han sido sustituidas por otras variedades “con identidad propia” (p. 172). Los resultados de su investigación inclinan la balanza hacia el mantenimiento de rasgos entonativos del español mexicano central por parte de la participante natural de México, pero aquélla nacida en Los Ángeles muestra rasgos propios que llaman la atención y propician la extensión del estudio a un mayor número de hablantes.

Érika Mendoza Vázquez traslada el análisis prosódico a un municipio rural de Tlaxcala: Cuapiaxtla, donde la entonación de los enunciados declarativos de foco amplio se compara con una muestra de la Ciudad de México. Tomando en cuenta el concepto de comunidad de habla Érika reúne 20 hablantes de Cuapiaxtla estratificados por edad, sexo y escolaridad lo que permite identificar puntualmente casos de variación entonativa. Para la elicitación de datos introduce situaciones de comunicación diversas, que permiten obtener un estilo de habla “semiespontáneo”. El análisis y la posterior comparación de los acentos tonales indica una marcada circunflexión en la Ciudad de México y una tendencia a la forma descendente en la comunidad rural.

Siguiendo el recorrido de la entonación, Carlos Ivanhoe Gil Burgoin lleva a cabo un estudio comparativo de los enunciados declarativos neutros en cinco variedades del español de México tomadas del Corpus oral del español de México. Los espacios territoriales de su encuesta reconocen los ya establecidos de norte a sur del territorio. En ese recorrido elige cinco núcleos urbanos: La Paz, Monterrey, Guadalajara, Ciudad de México y Tuxtla Gutiérrez. Su aproximación a las manifestaciones entonacionales es cualitativa y dado que la diversidad sociolingüística no es relevante para los objetivos de la investigación se eligieron para cada sitio dos participantes de sexo femenino y rasgos sociolingüísticos similares. Para la comparación de sus patrones entonativos tomaron en cuenta cuatro parámetros: tonos del pretonema exceptuando la última sílaba; tono de la última sílaba tónica; tono de juntura final del enunciado y forma general de la curva melódica. El análisis muestra tanto agrupaciones como separaciones. El acento tonal y el tono de juntura son distintivos de las variedades del norte que presentan un ascenso en el tonema y una estabilización de la tonía en la juntura. En la variedad de occidente se debilita esta configuración y en el centro y sureste, es común que el acento nuclear sea ligeramente descendente.

El artículo de Eva Patricia Velásquez Upegui ofrece un ejemplo del español hablado en Colombia a través de enunciados interrogativos interaccionales (EII) y de sus efectos pragmáticos. Los datos estudiados corresponden al escenario de la cortesía positiva y negativa y se elicitaron por medio de una situación preconstruida que solicita ser verbalizada por parte del hablante. El análisis da cuenta de diferencias entre interacción y transacción, señalando que el campo tonal es más amplio en la primera. Una observación de interés concierne la duración de la sílaba nuclear en relación a las otras sílabas lo cual contribuye a generar “efectos melódicos identitarios” en cada uno de los dialectos. Cabe igualmente destacar la significación de las figuras que indican visualmente los movimientos entonativos de los enunciados de cortesía positiva y negativa que suelen ser bastante sutiles.

Leonor Orozco reconoce igualmente la relevancia del aspecto pragmático de la entonación y examina en su artículo los patrones entonativos de enunciados interrogativos absolutos conjuntamente a su valor ilocutivo como actos directivos. Sitúa su investigación en las ciudades de Monterrey, Guadalajara y Tuxtla Gutiérrez que son representativas de tres áreas dialectales de México: noreste, occidente y sur. Los datos obtenidos han sido elicitados partir de contextos situacionales que codifiquen actos ilocutivos de petición de información, de acción y de invitación. El análisis de estos tres tipos de actos de habla en cada una de las localidades bajo estudio se acoge al modelo métrico autosegmental para describir las secuencias acentuales y los tonos de juntura. Nueve figuras ofrecen ejemplos visuales del acucioso análisis de Orozco y sustentan sus consideraciones finales. En ellas se muestra un relativo distanciamiento entonativo en Monterrey y una mayor cercanía de las interrogativas absolutas en Tuxtla y Guadalajara.

El análisis de la variación fónica que ocupa el cuarto apartado del libro ha sido pionero en la identificación de áreas dialectales. Leopoldo Valiñas, se sitúa en la sierra tarahumara y hace notar que la laberíntica geografía de ese territorio ocasiona la movilidad y dispersión de sus habitantes que a su vez da lugar a una marcada complejidad geolingüística. Los intentos realizados por diversas dependencias para determinar los rasgos fonológicos de las isoglosas serranas no corresponden a la realidad de acuerdo con la revisión crítica que lleva a cabo Valiñas y por lo tanto no ofrecen pautas distintivas que identifiquen dialectos tarahumaras. En el presente artículo propone el empleo del concepto comunalecto para identificar la lengua empleada en cada comunidad particular. Su artículo describe con detalle los rasgos fonológicos de dos isoglosas de las once que la CET2 señaló para determinar cinco áreas dialectales del tarahumara que este autor no reconoce. Su estudio muestra el requerimiento de conocer a fondo el sistema lingüístico de los comunalectos de la región tarahumara para sustentar adecuadamente los factores geolingüísticos.

La lengua otomí y sus variantes dialectales han sido profusamente estudiadas, como testimonia la revisión que llevan a cabo Alonso Guerrero Galván y Rafael Alarcón Moreno en su artículo publicado en este libro. Ambos reconocen diferentes trabajos que han discutido el inventario tonal otomí. Sin embargo, indican que falta aún un registro sistemático de sus rasgos suprasegmentales que permita llevar a cabo una dialectología tonal. En este artículo se “pretende, aunque no de manera exhaustiva, aportar datos desde el ámbito tonal para la discusión dialectal del otomí” (p. 344). El corpus proviene de elicitaciones realizadas en trabajo de campo llevado a cabo entre 2000 y 2012 en diferentes regiones otomíes. Para este artículo se toman en cuenta la zona oriental de Hidalgo y Veracruz, la suroccidental de Querétaro y el Valle del Mezquital. Los datos se someten a un acercamiento instrumental escrupuloso que permite ofrecer conclusiones preliminares de patrones tonales coincidentes y divergentes en las tres zonas bajo estudio.

El comportamiento de la llamada sexta vocal /ɨ/ en seis variantes del zapoteco del Valle Occidental es abordado por Francisco Arellanes y ocho coautores en este artículo. Su propósito es afinar el acotamiento dialectal de las variantes de esta área, reconstruyendo el desarrollo evolutivo que dio lugar a /ɨ/ que no se registra en los estudios del protozapoteco. La metodología fue rigurosa en cuanto a elección de informantes, elicitación y grabación. Participaron un hombre y una mujer mayores de 40 y menores de 60 años para cada una de las variantes; se elicitó una lista del protozapoteco con 502 elementos léxicos de rasgos gramaticales específicos y se hicieron tres grabaciones de cada ítem. Igualmente riguroso es el procedimiento de medición formántica por género y variante que muestra la presencia de /ɨ/ y sus variaciones por sexo en todas las variantes del Valle. En el último apartado los autores revisan la evolución de las protovocales *e y *eʔe, considerando los contextos adyacentes que dieron como resultado la i y finalmente dan constancia de la evolución de una protoforma i que en algunas variantes evolucionó a la sexta vocal. El artículo comprueba el acierto de los autores al conciliar pautas sincrónicas y diacrónicas en el estudio de la variación fónica.

El cuarto apartado destinado al estudio de las variables léxicas y morfosintácticas inicia con un texto introductorio al estudio de dos dialectos del otomí. En él, Yolanda Lastra lleva a cabo la comparación del otomí de Cuexcontitlán en Toluca y de Ixtenco en Tlaxcala de manera resumida y sencilla. Los datos que presenta han sido tomados del Archivo de lenguas indígenas (Lastra 1989) y de cuatro extensas investigaciones, publicadas por la autora entre 1997 y 2006. En este artículo ofrece la descripción de las diferencias fonológicas acudiendo a ejemplos léxicos de cada dialecto y presenta la frase nominal mínima de artículo y sustantivo y su paradigma de posesión, señalando la conservación del dual en San Andrés y su pérdida en Ixtenco. Ofrece ejemplos de los pronombres personales y de la predicación sustantiva y adjetiva, mostrando sus diferencias dialectales. Sobre las conjugaciones verbales explica de manera sucinta una útil información. Son diez los ejemplos de diferencias léxicas en este texto que, a mi consideración, es esencialmente didáctico.

Claudine Chamoreau propone establecer con mayor precisión las áreas dialectales del purépecha desde el enfoque una dialectología tipológica. A la luz de este objetivo reúne datos de trabajo de campo en un corpus elicitado en lengua purépecha a lo largo de diez años. En el capítulo investiga el proceso de gramaticalización del numeral ma “un” y su trayectoria hacia el artículo indefinido en la frase nominal (FN). De entrada, propone que la irrelevancia de la cuantificación en ciertas FN favoreció la gramaticalización de ma como artículo indefinido y muestra sus contextos de uso actuales como numeral y como artículo. Documenta que en el siglo XVI el numeral antecedía al sustantivo en la FN, pero el contacto purépecha-español produjo un cambio gradual de orden de constituyentes: SOV hacia SVO, acompañado de cambios en el orden de los elementos de la FN. En los extremos de este continuum el orden SOV se correlaciona con sustantivo + artículo indefinido ma y SVO se correlaciona con artículo indefinido ma + sustantivo. El análisis de los tipos de organización estructural de esta FN conduce a señalar variaciones relevantes tipológicamente y, conjuntamente con parámetros sociolingüísticos tomados en cuenta por la autora, concurre a sustentar con mayor exactitud su distribución geográfica.

Gilles Polian y Jean-Léo Léonard llaman la atención al empleo pertinente de herramientas cuantitativas en la investigación dialectológica que lleva a cabo el Proyecto del atlas lingüístico del tseltal occidental (ALTO). La noción de diasistema que adoptan los autores es abarcadora del léxico, la fonología y la morfosintaxis del tseltal occidental. Éste se concibe como un continuum estructural al margen de áreas contrastivas y límites geográficos. Los autores explican los instrumentos empleados desde una perspectiva diasistémica para medir el índice de similitud léxica y morfosintáctica; recurren a trabajo de campo para obtener sus datos en entrevistas que en este caso son bilingües: interacciones en tseltal, pero estímulos en español. Las 70 variables seleccionadas conforman lo que los autores definen como el núcleo diasistémico del estudio. El tratamiento de estas variables adquiere un valor numérico y cuantitativo de alta precisión. Como señalan Polian y Léonard “Con la diasistémica, la dialectología se emancipa del territorio de la lengua para abarcar la gramática o el léxico de un idioma […] como sistema de geometría variable…”. (p. 450).

Lucero Meléndez se propone estudiar la variación morfológica entre comunidades de habla huasteca cuya variedad fonológica ya ha sido indicada en anteriores isoglosas. La obtención de sus datos se acoge al concepto de comunalecto (Valiñas supra) bajo la premisa de su conveniencia metodológica. Si cada comunidad tiene un comunalecto, distinto, al menos parcialmente, al reunir y comparar datos de varios comunalectos se puede reconstruir el continuum dialectal que permite registrar las tendencias de la variación geolingüística. Son 27 los comunalectos investigados, 11 en San Luis Potosí y 16 en Veracruz y son cinco los rasgos seleccionados para el diagnóstico dialectal del sistema de persona: pronombres personales independientes; clíticos posesivos de 2PL; clíticos absolutivos de 2PL; pronombre interrogativo de humano y marcas de persona dentro de la palabra verbal. Los resultados son captados en cinco planos geográficos que muestran las isoglosas de variación de estos rasgos morfológicos. Una verificación comparativa con isoglosas de clasificaciones fonológicas anteriores, muestra que estas últimas no se mantienen al ser cruzadas con las morfológicas. Esta comprobación señala, de acuerdo con Meléndez, la pertinencia de estudiar la variación morfológica en la investigación geolingüística.

El último apartado de este libro abre el espacio a estudios relacionados con las situaciones contacto, en él Nadiezdha Torres Sánchez presenta una interesante aproximación a un fenómeno característico del español bilingüe: la simplificación del sistema pronominal átono el cual estudia entre los tepehuanos del sureste siguiendo el planteamiento de la convergencia estructural. El material lingüístico es producto de trabajo de campo llevado a cabo por la autora en Santa María de Ocotán, Durango con nueve participantes tepehuanos que hablan español en diferentes niveles de competencia: incipientes, consecutivos y asimétricos. Los ejemplos que analiza provienen de un corpus de narraciones informales. En ellas el clítico de objeto directo lo presenta la frecuencia más alta mostrando su uso indistinto con referente masculino o femenino. Este fenómeno está generalizado en varias lenguas indomexicanas e indoamericanas. Con la finalidad de verificar el papel de la convergencia en este cambio, la autora lleva a cabo una revisión de las estructuras del tepehuano del sur implicadas con la marcación de objeto. Dos conclusiones derivadas de la comparación tepehuano-español son ilustrativas de la convergencia: la primera lengua no marca gramaticalmente el género por lo que es común que el bilingüe lo neutralice y como tampoco ha ingresado elementos ajenos al sistema, “la propia evolución de la lengua receptora, en este caso el español, ha facilitado el cambio.” (p. 546).

El artículo de Dinorah Pesqueira toca el tema del encuentro de dos variedades del español en el contexto de asentamientos migratorios de largo plazo. Su estudio aborda el extrañamiento lingüístico de los argentinos porteños avecindados en México. El contacto dialectal tiende a vulnerar una variable morfosintáctica que es, para algunos argentinos, un formante de identidad: el voseo. El desplazamiento de formas voseantes por las tuteantes, si llega a ocurrir, encuentra explicación, los procesos de acomodación que pueden o no desembocar en un cambio dialectal con el reemplazo por vos. Su texto describe y comenta ampliamente testimonios de casos de reemplazo, pero no hace uso de la explicación por acomodación, sino que vincula este cambio con las actitudes y creencias de los inmigrantes.

El milenio que vivimos, se caracteriza por la acelerada introducción de la comunicación ciberespacial y Eduardo Daniel Rivera Peñaloza dirige su interés a una forma novedosa del lenguaje que mantiene su equilibrio en una estrecha franja entre la oralidad y la escritura. Para explicarse esta reciente manera de interacción lingüística, Rivera se aboca, con tino, a la teoría de la acomodación lingüística y descarta de antemano que el “dialecto” cibernético sea producto de la imitación. Intenta justificar la conformación de un dialecto cibernético, o varios, por fenómenos de acomodación y postula la posibilidad de una diversidad dialectal cibernética. Rivera expone datos de un foro de discusión que pone en contacto el español argentino y el mexicano con diez usuarios cada uno y ofrece ejemplos y resultados de la presencia de uno en el otro. La pregunta que queda en el aire es de tiempo y duración. La amenaza que debe evitar este proyecto es la de ser efímero.

El texto que cierra este libro es el de Raúl Arístides Pérez Aguilar quien se interesa por mostrar la diversidad lingüística de Quintana Roo a partir de un registro de habla vernácula que se obtuvo a partir de un amplio cuestionario que incluye préstamos de lenguas indígenas hispanizados y otras “voces” que reconoce y usa la población del sureste de México. El artículo muestra una intención que no carece de interés, pero es débil en su sustento geolingüístico.

Como señalo en el preámbulo a esta reseña, los autores de Estudios de variación geolingüística han dado respuesta al llamado del título desde ángulos muy diversos que no son obligadamente coincidentes con un marco consensado. Las introducciones sitúan el espacio del saber que va a desarrollar cada autor. A partir de ese inicio, la manera en que es tratado el conocimiento geolingüístico depende de la vertiente disciplinaria que elige el investigador para el análisis de datos recogidos documentalmente o en trabajo de campo con elicitaciones informales o formales o preconstruidas. La aportación del libro radica, desde mi punto de vista, en esta anarquía, entendiendo por tal los distintos ejes de aproximación a la lengua que en él se hacen presentes y las diferentes maneras de investigarlos y presentarlos al lingüista o al geógrafo o al matemático o al geómetra o al físico o… tal vez a algún incauto.





Notas al pie:

1.

fn1El cambio del estatus político del Distrito Federal (D.F.) por el de un estado de la Unión, que se denomina actualmente Ciudad de México (CDMX), no había tenido lugar cuando varios de los autores que colaboran en este libro escribieron sus artículos. Esto explica el empleo de uno u otro término a lo largo del libro.

2.

fn2Se hace referencia a la Oficina de Estudios Especiales de la Coordinación Estatal de la Tarahumara del estado de Chihuahua (1992).

fn3Como citar: Pellicer, Dora. 2019. Reseña a Leonor Orozco y Alonso Guerrero Galván (coords.). 2017. Estudios de variación geolingüística. Secretaría de Cultura/Instituto Nacional de Antropología e Historia: México. Cuadernos de Lingüística de El Colegio de México 6 (1). pp. XX-XX


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Cuadernos de Lingüística de El Colegio de México, Año 6, Número 1, 2019. Esta es una publicación continua electrónica de difusión gratuita editada por El Colegio de México, Entronque Picacho–Ajusco 20, Fuentes del Pedregal, Tlalpan. CP 10740, Ciudad de México. Contacto: cuadernosdelinguistica@colmex.mx. Editores responsables: Julia Pozas Loyo y Violeta Vázquez Rojas Maldonado. Reservas de Derechos al Uso Exclusivo núm. 04–2013–091813014400–203; ISSN 2007–736X, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Composición tipográfica: El Atril Tipográfico, S.A. de C.V. Diseño web: Periferia Taller GráficoCamino al Ajusco 20, Pedregal de Santa Teresa, Tlalpan. CP 10740, Ciudad de México. Última modificación: 28 de febrero de 2019.

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