Apéndices interrogativos de control de contacto: estudio sociolingüístico

Ana María Cestero Mancera1



Resumen

Desde comienzos del siglo xx se viene mencionando la existencia de una función fática o de contacto en la comunicación humana, aunque hasta recientemente no se ha emprendido su estudio en profundidad. Dicha función se realiza mediante la utilización de distintos recursos verbales y no verbales que cumplen determinadas subfunciones específicas: asegurarse de que el canal de comunicación está abierto y funciona; establecer, prolongar o terminar la comunicación, y llamar la atención del interlocutor. Con la pretensión de profundizar en el conocimiento del funcionamiento de los recursos fáticos, de las funciones que cumplen y de la incidencia que tienen en su uso determinados factores sociales (sexo, edad y nivel de instrucción) y geolectales, estamos llevando a cabo una investigación sociopragmática, enmarcada en el “Proyecto para el Estudio Sociolingüístico del Español de España y América (PRESEEA)”, que permitirá documentar patrones de comportamiento generales y variables. En esta ocasión, nos hemos centrado en la primera de las subfunciones apuntadas y hemos efectuado análisis cualitativos y cuantitativos de una muestra de interacciones semidirigidas con objeto de establecer las variables y variantes principales para su estudio; además, ofrecemos una primera aproximación sobre cuáles son los recursos verbales (apéndices interrogativos de control de contacto) que más comúnmente utilizan los madrileños y cómo funcionan, así como cierta comparación con lo que acontece en otras zonas de habla hispana.

Recibido: 22-06-2018; Revisión recibida: 24-09-2018; Aceptado: 27-09-2018

Cuadernos de Lingüística de El Colegio de México, 2019

Key words: phatic function, tag questions, discourse markers, socio-pragmatics, PRESEEA.
Palabras clave: función fática, apéndices interrogativos, control de contacto, sociopragmática, PRESEEA.

1. Introducción: la función fática de la comunicación

Se ha cumplido ya un siglo desde las primeras formulaciones sobre las funciones del lenguaje. Aunque pueden considerarse clásicas, siguen vigentes las ideas de Bühler (1918, 1950 [1934]) y Malinowski (1923), recogidas y reelaboradas de forma personal e influyente por Jakobson, primero en la “tercera tesis” de la Escuela de Praga (VV.AA. 1929; Vachek 1964) y, posteriormente, en 1960, en su ensayo “Linguistics and poetics”. Estas cuatro presentaciones pioneras, sin embargo, no son del todo equiparables, pues en ellas se mezclan las funciones del lenguaje en general, a saber, la práctica y fática de Malinowski o la comunicativa y la poética de Jakobson, y las funciones del signo lingüístico o del uso del lenguaje en particular, formuladas por Bühler y Jakobson y, posteriormente, reformuladas por investigadores influyentes como Halliday (1970: 142-144).1 Nuestro interés actual es la función fática del lenguaje, orientada hacia el contacto entre interlocutores y que, en términos de Jakobson (1960), puede concebirse como un canal físico y una conexión psicológica entre el emisor y el destinatario, que permite tanto al uno como al otro establecer y mantener la comunicación, y predomina cuando un emisor utiliza elementos o construcciones lingüísticas o no verbales con el fin de establecer, prolongar o interrumpir la comunicación, asegurarse de que el canal de comunicación está abierto y funciona, llamar la atención del interlocutor o confirmar si su atención se mantiene.2 Tal formulación obliga, en primer lugar, a distinguir entre dos tipos de acciones comunicativas que cumplen la función que nos ocupa, pues tanto el emisor como el receptor han de participar de forma activa en la construcción de la interacción y, por tanto, han de asegurar el contacto continuo:

  1. Acciones producidas por el emisor, esto es, empleo, por parte de la persona que habla, de recursos de distinto tipo para asegurarse de que el canal está abierto y el interlocutor sigue la comunicación. Ejemplo de ellos son las preguntas veritativas o comprobativas del tipo de ¿no?, ¿verdad?, ¿comprendes? o ¿me sigues?
  2. Acciones fáticas del interlocutor, es decir, la producción de turnos de apoyo o retroalimentadores para asegurar al hablante su seguimiento puntual y la apertura continua del canal. Ejemplos de apoyos frecuentes son sí, claro, ya, es verdad, etcétera.

En segundo lugar, atendiendo a la descripción primera de Jakobson, en relación a la función fática es posible distinguir varias subfunciones específicas, que se cumplen mediante recursos de distinta naturaleza y con propósitos interaccionales diferentes, a saber:

  1. Asegurarse de que el canal de comunicación está abierto y funciona, esto es, confirmar que se mantiene la atención y el seguimiento. Esta función es realizada, en el turno de habla, de forma prototípica, por preguntas comprobativas o veritativas como ¿no?, ¿verdad?, ¿me entiendes?, ¿me sigues?, etcétera; son los llamados “apéndices interrogativos”.3 Por su parte, el interlocutor también utiliza recursos lingüísticos y no lingüísticos que cumplen esta función: los apoyos discursivos o conversacionales.
  2. Establecer, prolongar o terminar la comunicación, función realizada, en el turno de habla, a través de los denominados marcadores discursivos de ordenación: Bueno, pues, bien…; y, entonces, claro…; y ya está, y eso, y nada más…, además de por las fórmulas rutinarias de inicio o cierre de interacción. También en este caso el interlocutor puede utilizar apoyos o turnos de habla, en respuesta, con la misma función.
  3. Llamar la atención del interlocutor; función realizada, fundamentalmente, a partir de los imperativos y vocativos del tipo de: oye, mira, hombre, etcétera, respondidos, a menudo, por algún interlocutor verbal o no verbalmente.

En las primeras formulaciones de Malinowski y Jakobson se afirmaba que la función fática era la propia de las muletillas y frases hechas, de fórmulas ritualizadas y otros elementos lingüísticos sin contenido específico. Sin embargo, en las últimas décadas, se ha desarrollado su estudio bajo el convencimiento de que se trata de recursos lingüísticos plurifuncionales, que, además de servir a la función mencionada, poseen valores específicos en el momento de la actividad comunicativa en el que se utilizan que operan en diversos planos o niveles. Esta característica básica de los recursos que nos ocupan ha favorecido el desarrollo de acercamientos desde diversas corrientes y disciplinas, partiendo de la Lingüística textual o el Análisis del discurso,4 la Pragmática5 o el Análisis de la conversación,6 hasta llegar a los enfoques interdisciplinares actuales.7

Precisamente el enfoque multidisciplinar que combina el Análisis de la conversación, la Pragmática y la Sociolingüística es el que, desde hace ya algunos años, nos está llevando a profundizar en el conocimiento de la función fática del lenguaje humano a través del estudio de los recursos lingüísticos, y no verbales, que la cumplen, analizando exhaustivamente su aparición en distintos corpus. En un primer momento, desarrollamos una investigación sobre dos tipos de actividades comunicativas diferentes, conversación diádica y discurso académico oral, que nos permitió un primer acercamiento y el establecimiento de bases teóricas y metodológicas (Cestero 2002; 2002-03; 2003a; 2003b). Ahora, teniendo en cuenta las aportaciones más recientes, estamos trabajando con corpus de grandes dimensiones, formados por entrevistas semidirigidas recogidas con control sociolingüístico: el corpus PRESEEA. El corpus y el hecho de llevar a cabo la investigación en el marco de un proyecto internacional permiten emprender estudios coordinados con el fin de conocer patrones sociopragmáticos y geolectales, que den cuenta del funcionamiento de recursos plurifuncionales a la vez que de su variabilidad. Hemos comenzado por la primera de las subfunciones fáticas, quizás la primaria o primordial según su formulación originaria: asegurarse de que el canal de comunicación está abierto y funciona, es decir, confirmar que se mantiene la atención y el seguimiento continuos, bajo el convencimiento de que tal función se efectúa a la vez que otras, lo que muestra la complejidad funcional de los recursos lingüísticos. Dado que dicha función es realizada, fundamentalmente, por los apéndices interrogativos de control de contacto, a ellos ha ido dirigida toda nuestra atención.

2. Los apéndices interrogativos de control de contacto

Los apéndices interrogativos, conocidos de forma más general como apéndices confirmativos (Quilis 1993: 451-452) o ratificadores (Quilis 1982: 179-180), son preguntas del tipo de ¿no?, ¿verdad?, ¿sabes?, ¿comprendes?, ¿me sigues?, ¿eh?, etcétera, que sirven a la función fática del lenguaje, convirtiéndose en los recursos lingüísticos y no lingüísticos más básicos y específicos que utiliza el hombre para controlar el contacto y comprobar el seguimiento continuo en cualquier actividad comunicativa interactiva. Como se ha mencionado con anterioridad, ya en las primeras formulaciones de Malinowski (1923) y Jakobson (1960) se aludía a la función fática que cumplen estos elementos y, en las últimas décadas, se ha desarrollado su estudio bajo el convencimiento de que se trata de recursos lingüísticos plurifuncionales, que, además de servir al fin apuntado, poseen valores específicos en el momento de la actividad comunicativa en el que se utilizan. El estudio de tales valores fue abordado hace algunas décadas, con un enfoque básicamente pragmático, por Ortega y Fuentes y, con un enfoque interdisciplinar, por Briz.

Según Ortega, los apéndices son “signos de cuerpo fónico reducido, emitidos siempre con entonación ascendente o ascendente-descendente, y que presentan la peculiaridad común de presentarse asociados a enunciados-base considerados típicos y de hacerlo normalmente al final de estos” (Ortega 1986: 272). Junto a la función básica de control de contacto y seguimiento, estos elementos pueden tener valores específicos relacionados no ya con la construcción de la interacción, con su estructura, sino con el proceso o la modalidad de enunciación o con el contenido del enunciado al que van referidos. Los matices añadidos con los que se usan permiten a Ortega agruparlos en dos tipos diferentes: apéndices comprobativos y apéndices justificativos.

Los llamados apéndices comprobativos son ¿no?, ¿verdad?, ¿sí?, ¿no es esto/eso/así?, ¿no es verdad/es verdad?, ¿es mentira/miento?, ¿no crees?, ¿de acuerdo? y ¿vale? y presentan los siguientes valores (Ortega 1985: 254-255):

  1. ¿no?, ¿sí?, ¿verdad?, ¿de acuerdo?, ¿vale? y ¿es mentira/miento? constituyen preguntas confirmativas con las que el hablante obliga al oyente a contestar para ratificar o rechazar lo que expresa un enunciado-base;
  2. ¿no?, ¿de acuerdo? y ¿vale? suelen cumplir la función de orden temperada, con la que el hablante intenta que el oyente acate y realice la instrucción que conlleva un enunciado base (orden o mandato), y
  3. ¿de acuerdo? y ¿vale? presentan el valor de petición instigadora, con la que el hablante intenta obtener del oyente la aceptación de lo que el enunciado-base expone.

Fuentes, por su parte, considera que la mayoría de estos comprobativos han ido perdiendo su valor con el paso del tiempo, hasta convertirse en apoyos continuativos que se utilizan para apelar al oyente con objeto de que continúe participando en la interacción y siga la intervención del hablante (Fuentes 1990a: 183).

Los apéndices justificativos sirven, según Ortega (1986), para justificar la emisión de un enunciado-base y son ¿sabes?, ¿comprendes?, ¿entiendes? y ¿ves?, que presentan los siguientes valores:

  1. ¿Sabes? se utiliza para justificar ante el oyente la emisión de un enunciado que el hablante considera importante para el oyente por aportar un contenido que desconoce y es conveniente que conozca. Para Fuentes, este elemento sirve más para llamar la atención sobre un enunciado que para justificarlo.8
  2. ¿Entiendes? y ¿comprendes? también se usan para justificar un enunciado base, pero en este caso “introducen la noción de que [los elementos justificativos del acto ilocutivo] forman un conjunto intrincado de presupuestos cuyo hilo conductor no es evidente al oyente” (Ortega 1986: 284). Por su parte, Fuentes considera que con estos elementos se intenta aclarar un pensamiento o razonamiento complicado, bien mediante una presuposición o bien mediante la información que se ofrece (Fuentes 1990a: 192).
  3. ¿Ves? se emplea para justificar un enunciado base por evidencias.9 Fuentes es de la opinión de que este elemento se utiliza para llamar la atención sobre lo que se va a decir o lo que se ha dicho; funciona, pues, como continuativo y llamada de atención.10

Por otra parte, y de manera complementaria a las ideas expuestas, Briz (1998: 224-225) afirma que los elementos que nos ocupan tienen una función predominantemente expresivo-apelativa y fática que se concreta en el discurso de cuatro formas diferentes:

  1. como reafirmación o justificación del yo, de su actuación o de lo dicho, es decir, como fórmulas autorreafirmativas que refuerzan o justifican los razonamientos de los hablantes ante su interlocutor, sean argumentos o conclusiones,
  2. como retardos en la comunicación,
  3. como llamadas de atención para mantener y comprobar el contacto, o
  4. como fórmulas exhortativas y apelativas que implican activamente al interlocutor.

Desde un enfoque básicamente pragmático, además, se ha asociado el empleo de apéndices interrogativos con la cortesía o descortesía por diferentes vías (García Vizcaíno 2005; Móccero 2010; Uclés 2015; 2017; 2018). Por un lado, los apéndices se consideran recursos fáticos que involucran al interlocutor directamente en la actividad comunicativa; se trata de una estrategia de enfoque hacia el otro que funciona como medio de cortesía positiva y consigue, con ello, empatía. Por otro lado, como recuerdan Fuentes y Brenes (2014: 190), el hecho de pedir corroboración al interlocutor distancia al hablante de lo que dice o hace y le quita responsabilidad sobre ello, lo que repercute, sin duda, en las imágenes, que son las que determinan la atenuación. Por último, la ratificación de mensajes o actos posiciona al locutor en relación a ellos y a cómo se pretende que se reciban, y lo hacen mediante intensificación.

El valor de estos “marcadores metadiscursivos de control de contacto”, en términos de Briz (1998: 225-227), está determinado por su valor léxico, por su posición y por la entonación, de forma que, cuando aparecen en posición final y con tonema marcadamente ascendente, tienen una función apelativa, reafirmativa-exhortativa, e implican al oyente, ya que aparece resaltado su carácter de preguntas y favorecen el cierre y la cesión de turno; mientras que, cuando aparecen en posición interior y con tonema no marcadamente ascendente, presentan una función expresiva-fática, una simple reafirmación.

Fuentes y Brenes (2014: 181), en trabajos recientes, avanzan en la caracterización funcional de los recursos, dando un paso de gigante al apuntar expresamente la multifuncionalidad, simultánea, de los que llaman “apéndices apelativos”,11 que las lleva a establecer valores catalogables en distintos planos: interactivo, modalizador, informativo y enunciativo, de la manera que sigue (2014: 191):

  1. En el plano interactivo, los apéndices apelativos, comprobativos, “aseguran la recepción y la corroboración del otro” y “piden una intervención del receptor, real o retórica”; por tanto, pueden emplearse con las siguientes funciones:
    1. Asegurar la recepción -puramente fático-.
    2. Asegurar la corroboración del interlocutor -búsqueda de acuerdo-.
  2. b) En el plano modal, estos recursos sirven para “reafirmar la opinión propia y reforzar actos directivos”, cumpliendo, así, las siguientes funciones:
    1. Reafirmación de la opinión propia, que, como recuerdan las autoras, se correspondería, al menos en parte, con los justificativos de Ortega (1986), y que se emplea como estrategia de imagen y refuerzo argumentativo.
    2. Modal que apoya a otro acto modal que, según las autoras, acompaña a enunciados directivos mitigándolos o reforzándolos, siempre en relación con la cortesía.
  3. En el plano informativo, los elementos que nos ocupan focalizan información, bien la ya presentada o bien la que se presentará inmediatamente. Según Fuentes y Brenes (2014: 191), la forma de actuar de los elementos puede ser una de las siguientes:
    1. Aparece tras la tesis, punto de partida o información conocida, para dar paso al rema, lo nuevo o la parte fundamental informativamente hablando.
    2. Actúa para focalizar un segmento del discurso.
  4. En el plano enunciativo o formulativo, los recursos tratados se emplean para apoyar una corrección.

Las investigadoras consideran que las unidades pueden desempeñar tres funciones pragmáticas (Fuentes & Brenes 2014: 185): apelación al receptor -solicitando una respuesta-, mantenimiento del canal discursivo -función fática- y focalización informativa. El hecho de tratarse de interrogaciones hace que su valor básico sea el apelativo y, por tanto, que siempre incluyan al interlocutor y requieran de él la involucración continua, lo que, a su vez, sirve de llamada de atención y de focalización de la información o el acto comunicativo. Según confirman las autoras (2014: 185-186), como ya apuntara Briz (1998: 225-227), el valor de los apéndices se relaciona con su posición en la unidad discursiva y con su forma de producción, y su carácter apelador puede degradarse hasta quedar convertidos en meras muletillas o “continuadores”, si bien, hemos de mencionar que, al menos en los resultados de los primeros análisis del corpus PRESEEA que presentamos aquí, no es en absoluto frecuente, lo que redunda en el carácter fático de estos recursos, y, además, con poca frecuencia obtienen respuesta del interlocutor, y más en forma de apoyo que de turno de habla, lo que, una vez más, nos lleva a considerarlos recursos fáticos y plurifuncionales.

El trabajo al que acabamos de hacer referencia de Fuentes y Brenes (2014) es, por otra parte, uno de los pocos existentes en los que se atiende a patrones sociopragmáticos en relación a los apéndices interrogativos de control de contacto. La investigación ofrece datos al respecto de gran interés y, aunque se ha realizado sobre discurso político andaluz, los resultados obtenidos quizás puedan extenderse a otros contextos de uso de los elementos y permitan establecer patrones generales como los que apuntan: recursos estratégicos más propios del discurso masculino, que se emplea como mecanismo intensificador, en relación a comportamiento estratégico de “autoimagen”, que se dirige a la imposición o a la protección, en este caso asociado con la argumentación, que, en palabras de las investigadoras “invalida su calificación como marca de inseguridad propia del lenguaje femenino” (2014: 181).12

Con estos precedentes de base, hemos intentado profundizar en el conocimiento del uso y funcionamiento de los apéndices interrogativos de control de contacto. Para ello, hemos analizado exhaustivamente su aparición en el corpus PRESEEA-Madrid, trabajando desde una perspectiva interdisciplinar. Hemos realizado sobre una muestra inicial dos tipos de análisis en fases sucesivas: en primer lugar, un análisis cualitativo, con el propósito de conocer los fines y las funciones con los que se emplean los apéndices interrogativos en el corpus manejado, lo que nos ha permitido constatar y perfilar su plurifuncionalidad en distintos niveles, así como valores asociados a cada uno de ellos, y, en segundo lugar, un análisis cuantitativo, con el objetivo de conocer la frecuencia de aparición de los distintos apéndices interrogativos y la influencia significativa en su uso y forma de producción de determinadas variables paralingüísticas, contextuales o sociales. En las páginas que siguen presentamos apuntes fundamentales de la metodología de la investigación, así como los primeros resultados.

3. Estudio sociolingüístico de los apéndices interrogativos de control de contacto: metodología de la investigación

Como acabamos de comentar, son muy pocos los trabajos sobre los recursos interrogativos de control de contacto que se han desarrollado con el objetivo de conocer patrones sociopragmáticos y geolectales. Consideramos un trabajo fundamental el citado de Fuentes y Brenes (2014), aunque efectuado sobre un tipo de discurso específico, el político, que podría influir de manera determinante en los resultados. Por otro lado, la mayoría de los estudios realizados en profundidad sobre los elementos que nos ocupan, y en los que se atiende a su variación, se centran en uno o varios de los apéndices (Blas Arroyo 1995; García Vizcaíno 2005; Molina 2005; 2017), por lo que no son muchos los datos que tenemos sobre su uso y funcionamiento general, teniendo en cuenta todos los elementos que cumplen la función apelativa fática (San Martín 2011; Santana 2017; en prensa; Uclés 2018). Precisamente, estos trabajos más abarcadores se han llevado a cabo en el seno de proyectos panhispánicos como el Proyecto de la norma culta (Santana 2017)13 o el Proyecto para el Estudio Sociolingüístico del Español de España y América (PRESEEA) (San Martín 2011; Santana en prensa; Uclés 2018).14 Este último es el que sirve de marco a la investigación que aquí presentamos, que pretende iniciar el estudio coordinado de tales recursos, estableciendo una base metodológica sobre la que trabajar, y aportando resultados de análisis sociopragmáticos y, en la medida de lo posible, su comparación con datos de otros investigadores. Detallamos, a continuación, la metodología empleada y ofrecemos, después, los primeros resultados obtenidos en Madrid (distrito de Vallecas).

3.1. El corpus: PRESEEA-Madrid (Vallecas)

El estudio sociolingüístico sobre los apéndices interrogativos de control de contacto que estamos realizando pretende conocer la variabilidad inherente al empleo del recurso condicionada por factores lingüísticos, pragmáticos, sociales y situacionales, con objeto de averiguar si existen patrones sociopragmáticos y, más adelante, geolectales. Para ello, hemos analizado cualitativa y cuantitativamente los apéndices que aparecen en una muestra compuesta por 18 entrevistas del corpus PRESEEA-Madrid (distrito de Vallecas), considerado habitualmente como de clase media y media-baja, seleccionadas a partir de la estratificación de la población en función de los tres factores señalados en la metodología común del proyecto PRESEEA. Hemos trabajado con 35 minutos (del 5 al 40 -diez horas y media en total-, para evitar tomar los primeros y los últimos de las grabaciones, que duran alrededor de los 45 minutos) de la entrevista de un hombre y una mujer de cada grupo de edad establecido (generación 1: de 20 a 34 años; generación 2: de 35 a 54 años, y generación 3: de más de 55 años) y de cada uno de los niveles de instrucción marcados (nivel 1: Enseñanza Primaria; nivel 2: Enseñanza Secundaria, y nivel 3: Enseñanza Superior).

Los análisis cualitativos nos han permitido acercarnos un poco más al funcionamiento de los apéndices interrogativos, teniendo en cuenta funciones y clasificaciones establecidas en estudios previos que han sido perfiladas, en ocasiones, a partir del uso y funcionamiento que presentan las expresiones lingüísticas en la muestra inicial manejada. Hemos confeccionado, además, una base de datos que nos ha facilitado la codificación y preparación de los materiales para la realización de análisis cuantitativos básicos, frecuencias de uso y tablas de contingencia, en atención a las variables y variantes que detallamos a continuación, y que han arrojado datos provisionales sobre patrones sociopragmáticos de interés.

3.2. Variables y variantes lingüísticas, pragmáticas, contextuales y sociales

Como acabamos de mencionar, los análisis cualitativos realizados nos han llevado a establecer y perfilar variables y variantes, lingüísticas, pragmáticas, contextuales y sociales, que dan como resultado una nueva clasificación de niveles en los que operan los recursos interrogativos con los que trabajamos y de categorías funcionales en tales niveles, así como la organización de factores formales, situacionales, sociales y geolectales que inciden en su utilización, y permiten codificar todos los casos identificados y realizar análisis cuantitativos de distinto tipo.

La variable dependiente del estudio viene conformada por el apéndice interrogativo empleado en cada caso, por tanto, es el recurso fático, y sus variantes son cada uno de los apéndices interrogativos identificado en un corpus o variedad. El resto de factores que intervienen en el empleo de estos recursos se considera variables independientes, y se han organizado en 4 grupos diferentes: pragmáticos, contextuales, enunciativos y sociogeolectales. Pasamos a detallar cada uno de ellos.

1) Factores pragmáticos: finalidad de empleo y función de los apéndices

Los análisis cualitativos realizados, partiendo de hallazgos apuntados en estudios previos, nos han llevado a establecer una nómina de fines para los que se utilizan los apéndices interrogativos, así como de funciones comunicativas que pueden cumplir, que da cuenta de la plurifuncionalidad de los recursos fáticos, que operan, simultáneamente, en 4 planos: estructural, modal, interaccional e informativo. En cada uno de tales niveles, el apéndice puede cumplir una función determinada.

1.a) Plano estructural

En el primer nivel, los apéndices se caracterizan por la función estructural que desempeñan en la actividad comunicativa misma. Es en este plano en el que se sitúa el carácter fático de tales elementos, que nos permite distinguir, a su vez, entre función fática de control de contacto o continuativa.15

Consideramos que siempre que se emplea un apéndice de este tipo se cumple la función fática de llamada de atención al interlocutor con objeto de comprobar o mantener el contacto que es necesario para que se dé la actividad interactiva, pues viene dada por el propio hecho de tratarse de una expresión interrogativa, lo que repercute en la estructuración misma de la interacción y nos permite tratarlo como regulador. Ahora bien, en ocasiones, como ya explicara Briz (1998: 224-225), el recurso se convierte en un mero continuador, que permite al emisor apoyarse en él para reflexionar, reorganizar o simplemente seguir con su discurso, y que normalmente es una especie de “tic” lingüístico específico del idiolecto de un sujeto.16

Las variantes, por tanto, de esta variable pragmática son las siguientes: fático de control de contacto y continuativo.

1.b) Plano modal

Por otro lado, los apéndices interrogativos pueden operar en el nivel modal, mostrando cierta actitud del hablante hacia lo que dice o hace en un doble sentido: bien intensificándolo o bien atenuándolo, aunque también pueden no intensificar ni atenuar la unidad de comunicación a la que van referidos.

La plurifuncionalidad de los recursos fáticos permite que, en ocasiones, como recuerdan Fuentes y Brenen (2014: 194), se empleen con el fin de intensificar o enfatizar una aserción o determinado elemento discursivo o acto comunicativo, de manera que el emisor refuerce su postura y, con ello, su imagen. Con un valor modal diferente, es posible utilizar estos recursos fáticos para atenuar lo dicho o lo hecho, con lo que, como apuntan Briz y Albelda (2013), se rebaja la fuerza ilocutiva del acto de habla o se desfocalizan elementos del discurso, enunciados o actos de habla, distanciándose el emisor de lo que dice o hace y, consecuentemente, ofreciendo una imagen adecuada o positiva, según los casos.17

Las variantes de esta variable pragmática quedan establecidas como sigue: no intensificador/no atenuador, intensificador o enfatizador y atenuador.

1.c) Plano interaccional

En este nivel es en el que se inscriben los aportes atribuidos tradicionalmente a los apéndices interrogativos con los que trabajamos, que tienen que ver con la función que cumplen los recursos en la interacción comunicativa. A este respecto, y partiendo de las clasificaciones tradicionales, creemos oportuno establecer tres funciones básicas: comprobativo, justificativo y exhortativo, y, dentro de cada una de ellas, se pueden distinguir, a su vez, subfunciones diversas.

Ha de tenerse en cuenta, como criterio diferenciador de los tres bloques funcionales, que, en algunos de ellos, la acción interaccional se orienta hacia el interlocutor, del que se requiere una confirmación (comprobativos) o respuesta (exhortativos), mientras que, en otros, los justificativos, se orienta hacia lo que se dice o se hace, es decir, hacia la comunicación misma. Esta orientación no implica, necesariamente, que se dé esa confirmación o respuesta requerida, pues, en muchos casos, no se produce o no es lingüística; no obstante, hemos de tener en cuenta, a este respecto, que la ausencia misma de respuesta puede suponer la confirmación pretendida.

Posiblemente, los diferentes apéndices se emplearán para realizar unas u otras funciones, lo que permitirá hablar de especialización funcional, si bien los más habituales servirán para cumplir varias de ellas, dependiendo del contexto de uso. Las funciones que se han podido establecer hasta ahora, que constituyen las variantes de esta variable pragmática, son las que presentamos a continuación clasificadas en los bloques principales:

Comprobativo

  1. Búsqueda de ratificación
  2. Con esta primera función pragmática, el emisor pretende constatar o verificar la aceptación, por parte del oyente, del contenido del enunciado al que acompañan los apéndices interrogativos. A este respecto, cabe diferenciar dos tipos de búsqueda de ratificación:
    1. Búsqueda de ratificación de acuerdo: con el recurso interrogativo se pretende verificar la aceptación de una afirmación que contiene, generalmente, una opinión del hablante.18
    2. Búsqueda de ratificación de acierto: se pretende verificar que el contenido del enunciado al que acompaña el apéndice es correcto o acertado.19
  3. Constatación de entendimientoPor otro lado, es posible emplear los apéndices interrogativos que nos ocupan para comprobar que el interlocutor entiende el contendido o sentido del enunciado en marcha o identifica objetos, lugares, etc. aludidos en él. En atención a esta función de constatación de entendimiento, se han identificado las siguientes variantes:
    1. Constatación de entendimiento del sentido de enunciados en marcha: con el apéndice interrogativo se pretende constatar el entendimiento del sentido correcto del enunciado en marcha, cuando se ofrece en él alguna explicación y, especialmente, cuando este puede interpretarse erróneamente o no interpretarse de acuerdo a las pretensiones del emisor.20
    2. Constatación de entendimiento de enunciado con dificultades por anomalías en emisión: con el apéndice interrogativo el emisor pretende comprobar el entendimiento del sentido y el seguimiento de un enunciado en marcha que presenta ciertas dificultades de enunciación (reinicios, desorden, titubeos…).21
    3. Constatación de identificación: con el apéndice interrogativo el emisor pretende comprobar que se identifica algún referente aludido en el enunciado al que va referido.22

Exhortador

Por otro lado, aunque su frecuencia es muy baja, el apéndice interrogativo puede ser una apelación al interlocutor que requiere respuesta. Se emplea con tal fin cuando pide repetición de lo dicho o confirmación y ampliación de información, y cuando, según Ortega (1985), con él se pretende insistir en que se realice la instrucción que conlleva el acto al que va referido. Como puede verse, se trata, en estos casos, de exhortaciones al hablante anterior o a un interlocutor, no de partículas que operan en relación al propio discurso o acto comunicativo.

Es posible distinguir tres variantes exhortativas:

Petición de repetición: se usa el apéndice para pedir al hablante anterior que repita lo dicho, por no haberse entendido o tener dudas al respecto.
Petición de ampliación de información o constatación de información: se trata de los llamados apoyos de reafirmación (Cestero 2000), que se producen para constatar el entendimiento de lo dicho por el hablante anterior o para pedir ampliación de información y detalles sobre ello.
Petición de cumplimiento de actos ilocutivos: también pueden utilizarse apéndices interrogativos para instar al cumplimiento de diversos actos ilocutivos formulados y dirigidos a un destinatario o interlocutor.

Justificativo

Según indicara Ortega (1986) en su trabajo inicial, y en atención a lo hallado en los análisis cualitativos realizados, los apéndices interrogativos pueden ir referidos al propio enunciado y ser empleados, precisamente, para justificar su emisión ante el destinatario. En estos casos, la implicación del interlocutor está mucho más diluida, pues no van enfocados al otro, sino al propio mensaje. En relación a ello, hemos podido identificar dos variantes fundamentales que formulamos como sigue:

Ratificador de contenido proposicional (actos, enunciados o partes): el emisor no busca ratificación sino que, con el apéndice interrogativo, ratifica la veracidad del contenido o sentido de enunciados, emitidos por el hablante o el oyente, con base en evidencias explícitas o implícitas que han surgido en el transcurso de la actividad comunicativa, o ratifica el valor proposicional o ilocutivo del segmento discursivo al que va referido.23
Justificador de la emisión de un enunciado: el emisor emplea el apéndice interrogativo para justificar ante un destinatario la propia emisión del enunciado por considerarlo importante. Suele tratarse de aseveraciones en las que se alude a gustos, preferencias, consideraciones personales, situaciones vividas, etc. por el emisor y que, por tanto, no son susceptibles de recibir una confirmación de acuerdo o acierto.24

1.d) Plano informativo

Finalmente, como apuntan Fuentes y Brenes (2014: 199), los apéndices interrogativos operan en otro nivel: el plano informativo. Por el carácter mismo de los recursos que tratamos, apéndices interrogativos fáticos, son reguladores que dirigen la atención hacia un segmento discursivo y, por tanto, siempre focalizan. Ahora bien, lo que resulta focalizado puede ser información considerada importante o relevante por el emisor, temas nuevos que se presentan o, incluso, el hecho de que la información que se da es subjetiva o depende de la posición del propio emisor, lo que se relaciona con la focalización de fuerza ilocutiva.

En los análisis realizados, hemos podido distinguir, pues, entre tres variantes de esta variable: marcación de información relevante o importante, presentación de tema e indicador de posicionamiento del emisor o de fuerza ilocutiva.

2) Factores estructurales

El segundo grupo de factores con el que se trabaja en la investigación es el estructural, y tiene que ver con la forma de emisión de los apéndices y su posición discursiva, así como con el contexto mediato de la producción. En los análisis que hemos efectuado, se han tenido en cuenta las siguientes variables y variantes:

2.a) Proyección

Se atiende al carácter anafórico (proyección hacia lo que se ha dicho o hecho antes en el discurso) o catafórico (proyección hacia lo que se dirá o hará después en el discurso) del apéndice.

2.b) Producción25

Dado que estamos ante un estudio de corte sociopragmático fundamentalmente, se tiene en cuenta si la forma de producción, especialmente la intensidad, funciona como determinante en el uso de los recursos que nos ocupan. Con respecto a ello, se documenta si su producción es con una intensidad (o con un tono) más bajo del considerado normal (medio) en el contexto inmediato de producción o más alto, y se tienen en cuenta, por tanto, las siguientes variantes: bajo, normal, alto y muy alto (enfático).

2.c) Tonema

Por otro lado, se atiende a si resulta significativo el tonema. A este respecto, se han considerado dos variantes generales: no marcadamente ascendente y marcadamente ascendente.

2.d) Posición

En relación al contexto inmediato, que nos permite caracterizar también la forma de producción y comprobar su incidencia en el uso y funcionamiento de los apéndices interrogativos de control de contacto, hemos distinguido, hasta ahora, seis posicionamientos fundamentales, que se han tomado como variantes de esta variable, a saber: interior de turno y enunciado/acto, interior de turno y final de enunciado/acto, final de intervención-turno, inicial de intervención-turno, inicial de acto y aislado-constituyendo por sí mismo enunciado/acto/intervención.

2.e) Contexto

Tenemos en cuenta, también, si se realizan pausas en el entorno inmediato, con el fin de comprobar cuál es la propia función de las pausas al respecto y si tienen incidencia en los usos y funciones de los recursos con los que trabajamos. En relación al signo paralingüístico, se han establecido las siguientes variantes: sin pausas, pausa previa, pausa previa y posterior, pausa posterior.

2.f) Respuesta

Por último, constatamos cuál es la reacción del interlocutor a la producción del apéndice interrogativo, con objeto de comprobar su incidencia en la interacción comunicativa. A este respecto, y por el tipo de recursos del que se trata, tenemos en cuenta si se produce respuesta o el emisor continúa sin que aparentemente (audiblemente al menos) se dé alguna, y qué tipo de respuesta se ofrece, en caso de que se dé. Distinguimos, así, entre tres variantes: turno de habla (respuesta con turno de habla), turno de apoyo (respuesta con turno de apoyo) y continuación (continuación del emisor sin que aparentemente se dé respuesta).

3) Factores enunciativos

El estudio que realizamos es de corte sociopragmático, por lo que, para explicar adecuadamente el funcionamiento de los apéndices interrogativos fáticos, necesariamente se ha de atender a la incidencia de aspectos pragmáticos y discursivos que inciden en su empleo y producción. En relación a ello, como en otros estudios enmarcados en el PRESEEA sobre fenómenos pragmáticos, se analiza el tipo de acto de habla en el que se utiliza el apéndice en atención a su fuerza ilocutiva, así como el tipo de secuencia discursiva de que se trata y la temática. En este grupo de factores hemos distinguido las siguientes variables y variantes de análisis:

3.a) Fuerza ilocutiva del acto de habla / Tipos de enunciados

Se tiene en cuenta si el apéndice se produce en uno de los siguientes tipos de actos de habla o conforma uno de ellos (Briz y Albelda 2013: 307):

Directivos en beneficio del hablante: con ellos el emisor trata de conseguir que se hagan cosas (preguntas, órdenes, mandatos, prohibiciones, peticiones, etc.).
Directivos en beneficio del oyente: con ellos se realiza una acción directiva pero, en este caso, que intenta beneficiar al oyente (consejos, sugerencias, advertencias en beneficio del oyente, propuestas, etc.).
Asertivos de opinión: con ellos decimos, tamizados por nuestra visión o posición personal -o desde ella-, cómo son las cosas (se incluyen rechazos, disensiones, protestas, etc.).
Asertivos de información: con ellos decimos cómo son las cosas sin que sea susceptible considerar la aseveración como subjetiva o realizada desde la posición o visión del emisor (presentamos o describimos el estado factual de la realidad).
Compromisivos: con ellos nos comprometemos a hacer cosas (promesas, contratos, ofrecimientos).
Expresivos que pueden dañar la imagen del emisor: con ellos mostramos sentimientos y actitudes que pueden producir un efecto negativo en la interacción y dañar la imagen del emisor (insultos, recriminaciones, quejas, lamentos).
Expresivos que muestran sentimientos y actitudes positivos, como los de agradecimientos, halagos, cumplidos, etc. Téngase en cuenta que, en algunos casos, estos actos de habla pueden dañar la imagen proyectada.

3.b) Tipología textual

Como en otros estudios de corte sociopragmático realizados en el marco del PRESEEA, se tienen en cuenta los siguientes tipos de secuencias discursivas con objeto de comprobar su incidencia en el funcionamiento de los recursos estudiados: intervención expositiva, intervención narrativa o de relato, intervención descriptiva, intervención argumentativa e intervención ritual.

3.c) Temática

En este grupo de factores se atiende a la temática del acto de habla en el que se produce el apéndice, a partir, una vez más, de las variables establecidas en los estudios del PRESEEA, que son las siguientes: tema cotidiano (diario y común en la relación socializadora de la gente), tema especializado-técnico (ámbito profesional) y fórmulas rituales de saludo o de despedida.

4) Factores sociológicos y geolectales

Por último, aunque no son, ni mucho menos, los menos importantes en este estudio, pues su pretensión, como se ha mencionado, es conocer patrones sociopragmáticos y geolectales, se atiende a la incidencia que puedan tener la caracterización social de los hablantes y su lugar de procedencia en el patrón de empleo de los recursos fáticos. Para ello, se trabaja con las siguientes variables y variantes, propuestas para toda investigación PRESEEA:

4.a) Sexo: se tiene en cuenta si el informante es hombre o mujer.

4.b) Edad: se atiende a la pertenencia del informante a uno de tres grupos etarios (20-34 años, 35-54 años y 55 años o más).

4.c) Nivel de instrucción: se incluye a los informantes en uno de tres grupos, en atención a los estudios realizados (estudios primarios, estudios secundarios-medios, estudios superiores).

4.d) Clase social

Aunque se trata de un factor al que se atiende en PRESEEA para obtener información complementaria, en el caso del estudio del que aquí damos cuenta puede considerarse un factor social más, ya que ha resultado significativo en investigaciones exploratorias. Hasta ahora, las variantes con las que hemos trabajado según la clase social de los informantes son las siguientes: baja, media baja, media y media alta.

4.e) Informante

Con objeto de comprobar si el patrón encontrado puede responder al ideolecto de un hablante concreto más que a un patrón sociopragmático o geolectal, se tiene en cuenta en los análisis, siempre, el sujeto que emplea los recursos y cuáles utiliza. En este caso, las variantes son cada uno de los informantes que intervienen en el corpus manejado.

4.f) Lengua habitual

Dado que, en PRESEEA, se trabaja con comunidades monolingües y bilingües o plurilingües y, a su vez, con sujetos monolingües y bilingües o plurilingües, se tienen en cuenta dos variantes en relación a ello: castellanohablante (monolingüe y bilingüe pasivo) y bilingüe (activo).

4.g) Comunidad de habla

Finalmente, no puede olvidarse que el estudio se enmarca en el PRESEEA y que tiene como fin último conocer patrones sociopragmáticos y geolectales que den cuenta de la variación sociodialectal y cultural, por ello, se ha de tener siempre presente la o las comunidades de habla de los sujetos cuya habla se analiza.

Las variables y variantes lingüísticas, pragmáticas, contextuales y sociogeolectales que acabamos de presentar constituyen la base teórica y metodológica de la investigación. Han sido establecidas a partir de los análisis cualitativos realizados sobre una muestra inicial de 18 encuestas, teniendo en cuenta siempre los estudios previos sobre el recurso que nos ocupa, y dan la posibilidad de llevar a cabo la codificación necesaria para efectuar análisis cuantitativos -frecuencias, pruebas de significación, etc.- que permitan generalizar y constatar patrones sociopragmáticos y geolectales. Ofrecemos, a continuación, los primeros resultados del estudio y las conclusiones más relevantes.

4. El empleo de apéndices interrogativos en el habla de Madrid

El estudio sobre una muestra del corpus PRESEEA-Madrid del que aquí damos cuenta ha servido para establecer las variables y variantes iniciales que permitan avanzar en el conocimiento del funcionamiento de los apéndices interrogativos de control de contacto, a la vez que llevar a cabo una investigación coordinada desde diversas perspectivas. Aunque ha sido este su objetivo principal y, por lo reducido de la muestra (35 minutos de 18 entrevistas), no es posible proponer patrones sociopragmáticos aún, sí podemos ofrecer resultados iniciales que apuntan ya tendencias y resultan de interés.

En 18 grabaciones, 630 minutos (10 horas y media), hemos documentado 368 apéndices interrogativos de control de contacto. Ahora bien, el empleo de los diferentes apéndices identificados, así como la frecuencia de uso que de ellos hacen los sujetos de la muestra, es muy desigual, lo que nos permite hablar de apéndices de uso frecuente, con especialización funcional, y tendencias sociolingüísticas. Más adelante comprobaremos, a través del estudio coordinado, los patrones geolectales.

4.1. Usos y funciones de los apéndices interrogativos de control de contacto en PRESEEA-Madrid (Vallecas)

En el corpus manejado, hemos documentado 6 tipos diferentes de apéndices: ¿no?, ¿sabes?, ¿eh?, ¿entiendes?, ¿de acuerdo? y ¿verdad? Dos de ellos se han empleado con variación formal: ¿sabes? (presenta las variantes ¿sabes la que te digo?, ¿sabes lo que pasa?, ¿sabes lo que te digo?, ¿sabes lo que te quiero decir? y ¿sabes qué pasa?) y ¿entiendes? (que presenta también ¿me entiendes?), pero las frecuencias de las variantes formales no son representativas en el caso de las de ¿sabes?26 y sí lo son en las de ¿entiendes?, pues aparece más veces la variante que el apéndice simple.27 La proporción de uso de estos apéndices es muy diferente en interacción, lo que nos permite hablar, para empezar, de apéndices frecuentes y apéndices poco frecuentes u ocasionales. Como en estudios previos, los apéndices de uso frecuente son, ordenados por frecuencia de empleo, ¿no?, que se ha documentado en 174 ocasiones en la muestra (el 47.3%), ¿sabes?, del que hemos identificado 98 casos (el 26.6%), y ¿eh?, utilizado en 84 ocasiones (el 22.8%). El resto de apéndices interrogativos son de uso ocasional: ¿entiendes? aparece en 7 ocasiones (el 1.9%), ¿verdad? se usa en 3 (el 0.8%) y ¿de acuerdo? en 2 (el 0.5%).


[Figure ID: ch1] Gráfico 1.

Apéndices interrogativos de control de contacto: frecuencias


Como era de esperar, por otro lado, los apéndices de uso frecuente están especializados funcionalmente, concretamente en el plano interaccional, que es el que marca más claramente la variación pragmática. Tales especializaciones se relacionan con su valor semántico convencional.

En el plano de función estructural, es muy difícil concretar si un apéndice es fático o continuativo. Todos los recursos llaman la atención y, por tanto, son reguladores de control de contacto. Para que pudiéramos considerar un apéndice meramente continuativo, debería aparecer en contexto de duda o vacilación. Si no es así, es fático, si bien su repetición y su producción en medio de enunciado o acto nos puede llevar a considerarlo más continuativo -aunque fático- que puramente de control de contacto. En el corpus manejado como muestra, solo hemos documentado 8 casos (el 2.2%) en los que se emplee un apéndice como continuativo, 7 de ¿no? y 1 de ¿sabes? En el resto de ocasiones, no podemos afirmar este carácter estructural, lo que nos lleva a considerarlos fáticos de control de contacto, apelativos.

En el plano modal, los datos son más interesantes y muestran una mayor variación. La mayoría de las veces el hablante los emplea sin intención aparente de que constituyan un recurso intensificador o atenuador, así nos ha parecido que es en 172 casos (el 46.7%); sin embargo, es muy frecuente, también, que los emplee como recurso atenuador, pues así se han usado en 148 ocasiones en el corpus (40.3%).28 En el polo opuesto, es muy poco frecuente que se utilicen como recurso intensificador, ya que hemos identificado 48 casos de este empleo (13%). Estos datos, provisionalmente, nos permiten considerar que los apéndices interrogativos fáticos, en su dimensión modal, constituyen un recurso frecuente de atenuación y, en ocasiones, aunque no es un aporte habitual, pueden intensificar. Según los resultados, y en relación al valor semántico, el apéndice intensificador es ¿eh?, que acapara el 90% del uso de los apéndices como intensificadores (también se han documentado ¿sabes? y ¿no?, pero en proporción muy baja: el primero en el 8% y el segundo, en el 2%). Son varios los apéndices que se han usado en nuestro corpus como atenuadores, aunque, en atención a las frecuencias halladas, podemos decir que el frecuente es ¿no?, seguido de lejos por ¿sabes? y ¿eh? (las frecuencias de estos elementos son, respectivamente, las siguientes: 60.1%, 21.6% y 14.2%), y que son ocasionales ¿verdad? y ¿entiendes? (con una frecuencia de 2% cada uno).

Mucho más significativo en la investigación que llevamos a cabo es el empleo funcional, en el plano interaccional, de estos apéndices, que nos permite, también, aunque provisionalmente por lo reducido de la muestra, hablar de especializaciones funcionales por recursos, si bien no se puede olvidar que ¿no? es el apéndice interrogativo de control de contacto prototípico y se ha documentado para prácticamente todas las funciones para las que se emplean estos recursos en el corpus (no se usa para constatar entendimiento de enunciado con dificultades -pero solo tenemos 3 casos de esta función en la muestra- ni para petición de repetición -solo aparece 1 caso en la muestra-; en el corpus ahora manejado, por otro lado, no se ha documentado ningún caso de petición de ampliación de información). La Tabla y el Gráfico que ofrecemos a continuación permiten comprobar la distribución funcional de los recursos fáticos.

Tabla 1.

Plano interaccional: aportes pragmáticos de los apéndices interrogativos Estadísticos: Ji2 362.848, gl. 40, sig. .000; V. de Cramer: .444, sig. aprox. .000


¿no? ¿sabes? ¿eh? ¿entiendes? ¿verdad? ¿de acuerdo? TOTAL
Pl_interaccional29 J 25 46 79 0 0 0 150
A 102 0 0 0 1 2 105
B 26 0 0 0 2 0 28
C 13 46 0 7 0 0 66
D 0 3 0 0 0 0 3
E 3 3 1 0 0 0 7
F 0 0 1 0 0 0 1
H 1 0 1 0 0 0 2
I 4 0 2 0 0 0 6
TOTAL 174 98 84 7 3 2 368


[Figure ID: ch2] Gráfico 2.

Funciones pragmáticas de los apéndices interrogativos


Como puede apreciarse en la Tabla de resultados y en el Gráfico, el empleo más frecuente de los recursos fáticos en el corpus de entrevistas semidirigidas manejado es el de justificador, lo que resulta bastante lógico si tenemos en cuenta que se trata de una interacción en la que el informante ofrece información, en la mayoría de los casos sobre vivencias, consideraciones o preferencias, lo que lo llevan a emplear estos recursos, que por sí mismos son fáticos, para justificar la emisión de enunciados o información considerada importante para el propio emisor, lo que los relaciona, a su vez, con el hecho de que, en su mayoría, en el plano informativo, focalicen información relevante o importante, y con el valor modal, por un lado, intensificador (así es en el 92% de las ocasiones de este valor modal) y, por otro, dependiendo de la posición del emisor, de atenuación (así es en el 39% de los casos en que el recurso se emplea con tal valor). El justificador prototípico es ¿eh? (que se emplea en el 52.6% de las ocasiones en que se usa un apéndice justificativo), seguido muy de lejos por ¿sabes? (30,6%) y por ¿no? (16,6%).

El segundo valor pragmático más frecuente en la muestra es el de búsqueda de ratificación de acuerdo, que se da especialmente cuando se ofrecen consideraciones sobre cómo son o eran cosas, hechos o sucesos, desde el punto de vista del emisor, lo que explica la búsqueda de acuerdo, y lo relaciona, directamente, con el valor modal de atenuación (así es en el 45% de las ocasiones en que el apéndice se emplea con tal valor). El apéndice prototípico para esta función es ¿no? con casi la totalidad de los casos en que aparece esta función en el corpus (el 97%, frente al 2% en que se emplea ¿de acuerdo? y al 1% en que aparece ¿verdad?).

Sin duda, este valor de búsqueda de acuerdo se relaciona con el de búsqueda de ratificación de acierto. Es la cuarta función con la que se emplean los apéndices en el corpus, también casi exclusiva de ¿no? (aparece en el 93% de las ocasiones, frente al 7% en el que se usa ¿verdad?), y, en este caso, se relaciona con el ofrecimiento de información no tamizada por la percepción del emisor, sino objetiva, lo que explica, en casos, la petición de ratificación.

La tercera función pragmática para la que se emplean los apéndices que tratamos en la muestra es la de constatación de entendimiento. En estos casos, encontramos 66 usos para comprobar el entendimiento del sentido del enunciado en marcha o del acto comunicativo, 7 usos para confirmar identificaciones y 3 para constatar entendimiento cuando hay anomalías en la producción. El apéndice prototípico para esta función es ¿sabes? (se da en el 68% de las ocasiones, frente a ¿no? a ¿entiendes? y a ¿eh?, que se dan en el 21%, el 9% y en el 1%, respectivamente).

El resto de funciones pragmáticas interaccionales no presenta un uso significativo en el corpus, lo que nos permite considerarlas, en principio, como ocasionales. No hemos obtenido resultados que nos lleven a relacionarlas con apéndices específicos ni con valores modales ni focalizadores determinados.

Por último, si atendemos al plano informativo, los resultados nos conducen a considerar que, por sí mismos, estos apéndices fáticos focalizan habitualmente información relevante o importante, pues así ocurre en 349 ocasiones (el 95% de los casos). En 11 casos, focalizan la fuerza ilocutiva o la posición del hablante (en el 3%) y, muy excepcionalmente, en 8 ocasiones (el 2%) presentan temas nuevos, lo que, directamente, se correlaciona con la proyección catafórica y con el apéndice ¿sabes?

Lo reducido de la muestra y el objetivo fundamental de la investigación de la que damos cuenta no nos permiten constatar variación significativa con respecto a los factores formales y estructurales con los que hemos trabajado. El hecho de que se trate de recursos interrogativos hace, a nuestro modo de ver, que su producción sea con el volumen y el tono medios (así es en el 66.6% de los casos), y precisamente su carácter fático y el hecho de que son recursos pragmáticos más que preguntas reales hacen que se realicen frecuentemente más bajos de la media de producción (32.9% de las ocasiones) y sin tonema marcadamente ascendente (así es en el 89.4% de los casos), y que prácticamente nunca se emitan con volumen más alto (0.5%) y nunca con volumen muy alto. Aunque su aislamiento mediante pausas no es lo más asiduo (se producen sin pausas antes o después de su emisión en el 47.6% de los casos), el carácter fático se acentúa, en ocasiones, realizándolo entre pausas (así es en el 29.9% de los casos) o con una pausa posterior (12.2%) o previa (10.3%).

Su carácter fático y sus valores pragmáticos explican, sin duda, el hecho de que, en la mayoría de los casos, se empleen los apéndices en interior de turno, pero como final de enunciado o acto (así es en el 56.5% de los casos), si bien es relativamente frecuente, también, su emisión como partícula de final de intervención y turno, que lo convierte en marca de distribución de turno y regulador de interacción (así se ha documentado en el 26.9% de los casos); es muy poco frecuente que se emplee en interior de enunciado o acto y turno (12% de las ocasiones) y excepcional que, en nuestra muestra, se produzca como inicio de acto, intervención y turno o aislado (alrededor del 1.5% en cada caso). No se han podido documentar hasta ahora correlaciones relevantes entre la posición del apéndice y las funciones pragmáticas, pero quizás existan y podamos conocerlas cuando se trabaje con un corpus más grande.

Por otro lado, el hecho de que nos encontremos ante recursos fáticos por sí mismos, y que presentan unos valores pragmáticos determinados, explica que, en su mayoría, no obtengan respuesta, al menos verbal, pues seguro que sí la obtienen no verbal -sonrisa, mirada… que permita la comprobación del seguimiento-, por parte del interlocutor. Así ocurre en el 66.3% de los casos, en el que el emisor continúa sin que se produzca respuesta verbal audible. Precisamente ese carácter fático y la apelación de algunas de las funciones explica, también, que en el 21.7% de las ocasiones el interlocutor emita un turno de apoyo en respuesta. En un 12% de los casos se ha documentado un turno de habla en respuesta, pero los pocos datos manejados no permiten relacionarlas con determinados valores o apéndices de momento.

Finalmente, hemos de mencionar que el tipo de corpus con el que trabajamos explica que, en relación a los factores enunciativos, todos los apéndices se utilicen en actos con temática cotidiana y, la mayoría, en intervenciones expositivas (así es en el 99.5% de los casos) y actos de habla asertivos de opinión (así es en el 85.1% de los casos, frente al 13.9% en que el acto en el que aparece el apéndice es asertivo de información, y a un 1.1% en que se usa referido a un directivo).

4.2. Apuntes sobre la incidencia de factores sociales en el uso de apéndices interrogativos en PRESEEA-Madrid (Vallecas)

El objetivo de la investigación de la que aquí damos cuenta ha sido establecer primeros criterios de análisis y el conjunto de variables y variantes que permitan llevar a cabo estudios coordinados en el marco del PRESEEA. Para ello, hemos trabajado solo con una muestra del corpus PRESEEA-Madrid, lo que condiciona la validez y relevancia de resultados sobre patrones sociolingüísticos; sin embargo, nos parece oportuno ofrecer los datos obtenidos con respecto a la incidencia de los factores sociales en el empleo de los recursos que tratamos, pues, como se puede apreciar por la información que apuntamos a continuación, resultan ya de interés.

De los 368 casos documentados de empleo de apéndices interrogativos de control de contacto en el corpus manejado, 244 han sido producidos por hombres (el 66.3%) y 124 por mujeres (el 33.7%), lo que los convierte en recursos más propios del habla masculina. Por otro lado, son los adultos los que más usan los recursos que tratamos (170 casos -46.2%-), seguidos de los jóvenes (124 casos -33.7%-) y, finalmente, de los mayores (74 casos -20.1%-), lo que permite considerar que son propios de variedades estables y de sujetos con gran implicación en ámbito laboral. Por último, los informantes con nivel de instrucción alto han sido los que más han empleado estos recursos (184 casos -50%-), seguidos de los que tienen un nivel de instrucción bajo (130 casos -35.3%-) y, finalmente y bastante de lejos, de los de nivel medio (54 casos -14.7%-), lo que nos lleva a tomarlos como más propios del habla de personas con instrucción alta o baja, aunque, seguramente, la razón que los mueva a emplearlos sea distinta, según podemos apreciar si atendemos a los factores sociales en relación a los tipos de apéndices y a sus funciones pragmáticas.


[Figure ID: ch3] Gráfico 3.

Uso de apéndices interrogativos: sexo, edad y nivel de instrucción


Los hombres, en proporción, utilizan más que las mujeres el apéndice ¿no? (148 casos, el 60.6% de sus apéndices; frente a 26 casos que aparecen en interacciones entre mujeres, el 20.9% de sus apéndices); mientras que las mujeres, en proporción, emplean más que los hombres los apéndices ¿sabes? (41 casos, el 33% de sus usos; frente 57 casos, que supone el 23.3% de los usos de apéndices en las interacciones entre hombres) y ¿eh? (45 casos, lo que supone el 36.3% del uso de apéndices en habla de mujeres; frente a 39 casos, que supone el 16% del empleo de apéndices en las interacciones de hombres). En este sentido, y si relacionamos, además, los apéndices con las funciones pragmáticas interaccionales más documentadas, podemos decir que, como ocurre con otros recursos de carácter interactivo, podría darse una especialización de funciones y apéndices según el sexo de los hablantes. Así, los hombres emplean habitualmente el apéndice ¿no? para comprobar acuerdo o acierto, el apéndice ¿eh? para justificar la producción de un enunciado o acto de habla y ¿sabes? para constatar entendimiento; las mujeres, por su parte, emplean más asiduamente el apéndice ¿eh? como justificador y, con el mismo valor, el apéndice ¿sabes?, y usan en menor proporción el apéndice ¿no? como comprobativo de acuerdo.


[Figure ID: ch4] Gráfico 4.

Uso de apéndices interrogativos frecuentes: sexo


Por otro lado, los jóvenes, especialmente hombres, son los que más emplean el apéndice ¿sabes? (77 casos, frente a 11 de los mayores y a 10 de los adultos; constituye el 62% del empleo de apéndices por parte de jóvenes, el 14.9% de los apéndices usados por mayores y el 5.9% de los utilizados por adultos). Los adultos emplean mayoritariamente el apéndice ¿no? (118 casos, frente a 32 de los jóvenes y a 24 de los mayores; el 69.4% de los apéndices de los adultos, el 25.8% de los apéndices de los jóvenes y el 32.4% de los apéndices de los mayores). Los mayores y adultos son los que más utilizan el apéndice ¿eh? (36 casos, frente a 33 de los adultos y a 15 de los jóvenes; el 48.6% de todos los apéndices de los mayores, frente al 19.4% de los apéndices de los adultos y al 12.1% de los apéndices de los jóvenes). Las diferencias encontradas, que permiten apreciar, provisionalmente, una especialización de apéndices y funciones, es especialmente llamativa en el caso de ¿sabes?, lo que, como ya ha indicado Molina (2017), lo convierte en un marcador sociolingüístico en Madrid.30


[Figure ID: ch5] Gráfico 5.

Uso de apéndices interrogativos frecuentes: edad


Por último, el nivel de instrucción también podría resultar significativo. Con las reservas que impone la muestra, los análisis apuntan a que los sujetos con un nivel de instrucción bajo usan en mayor proporción ¿sabes? que el resto de recursos fáticos, aunque la diferencia no es muy grande con ¿eh? y ¿no? (40% de sus apéndices, frente a 26.9% y a 26.1%, respectivamente), pero sí lo suficiente como para seguir considerándolo un marcador sociolingüístico en Madrid. Los informantes con instrucción media, por su parte, utilizan en mayor proporción ¿eh? que el resto (28 casos -51.8%-, frente a 14 de ¿sabes? -25.9%- y a 12 de ¿no? -22.2%-). Por último, los sujetos con nivel de estudios alto son los que emplean en mayor medida el apéndice ¿no?, y lo hacen de manera muy destacada frente al resto de grupos de edad y con respecto al empleo de otros apéndices (128 casos de ¿no? -69.5%-, frente a 32 de ¿sabes? -17.3%- y a 21 de ¿eh? -11.4%-).


[Figure ID: ch6] Gráfico 6.

Uso de apéndices interrogativos frecuentes: nivel de instrucción


A la vista de estos primeros resultados, quizás podemos empezar a hablar ya de patrones sociolingüísticos y de estrategias comunicativas diferentes, y tal vez el empleo de los apéndices interrogativos muestre un uso más enfocado hacia el otro, de nuevo, de la mujer, que lo utiliza sobre todo como justificador, involucrando al interlocutor en la actividad comunicativa, y contrasta con los usos frecuentes que se le han atribuido de estos elementos como indicadores de inseguridad, pues, precisamente, su empleo en el corpus con valores que podrían relacionarse con ellos, como búsqueda de acuerdo o acierto o, incluso, de entendimiento, es mucho menor por parte de mujeres (46 casos -el 37% de sus apéndices-) que de hombres (164 casos -el 67.2% de sus apéndices-). Ese mismo fin podría explicar el mayor uso de ¿sabes? por parte de los jóvenes, a la vez que le confiere un valor identitario, que no tiene el mayor empleo de ¿no? por parte de los adultos, que podría relacionarse con un uso más asiduo de recursos fáticos, ni la mayor utilización de ¿eh? como justificador por parte de los mayores, que, en este caso, podría relacionarse con mayor seguridad conferida por la edad. Estos patrones son complementarios de los encontrados en relación al nivel de instrucción: los informantes con nivel de instrucción baja usan asiduamente ¿sabes? y ¿eh? como justificativos, y marcadores identitarios de Vallecas, mientras que los sujetos con nivel de instrucción media son los que menos emplean apéndices de control de contacto y, cuando lo hacen, es fundamentalmente para justificar su propio enunciado, con lo que incluyen al interlocutor en la interacción, y, por último, las personas con nivel educativo alto son las que más utilizan los apéndices comprobativos, especialmente ¿no?, y lo hacen como recurso interaccional y estrategia modal, con propósito atenuador fundamentalmente.31

5. Conclusiones

La investigación llevada a cabo con 18 entrevistas del corpus PRESEEA-Madrid nos ha permitido establecer la nómina de variables y variantes lingüísticas, pragmáticas, estructurales y sociales que tienen una incidencia destacada o se relacionan con el empleo de apéndices interrogativos de control de contacto en interacción. Hemos podido comprobar la complejidad característica de estos recursos fáticos, por el aporte comunicativo en relación con su plurifuncionalidad, a partir de la identificación de la función para la que se utilizan en cuatro planos diferentes: estructural, modal, interaccional e informativo, y, además, aunque aún de manera provisional por lo reducido de la muestra, se han podido establecer patrones sociopragmáticos.

En el corpus PRESEEA-Madrid (Vallecas) estudiado, se han empleado únicamente los apéndices ¿no?, ¿sabes?, ¿eh?, ¿entiendes?, ¿de acuerdo? y ¿verdad? La frecuencia de uso de cada uno de ellos es distinta, lo que, para empezar, nos permite hablar de recursos frecuentes (¿no?, ¿sabes? y ¿eh?)32 y de empleos ocasionales (¿entiendes?, ¿de acuerdo? y ¿verdad?) y relacionarlos con el fin fático, regulador, que cumplen en interacción, que puede explicar el uso habitual de los elementos más simples en su forma. En nuestro corpus, ¿no? se emplea en el 47.3% de las ocasiones, ¿sabes? en el 26.6% y ¿eh? en el 22.8%.33 Estos datos pueden compararse, provisionalmente, con los obtenidos por San Martín (2011) en el corpus PRESEEA de Santiago de Chile y por Santana (2017; en prensa) en el macrocorpus de la norma culta, con muestras de habla de un gran número de variedades geolectales, y en el corpus PRESEEA-Sevilla, para empezar a comprobar la existencia de patrones sociopragmáticos y geolectales. La investigación de San Martín (2011: 151-152) muestra que, en el habla de Santiago de Chile, se utiliza una mayor variedad de apéndices interrogativos, algunos de los cuales son claramente marcadores sociolingüísticos; concretamente, documenta ¿cachái?, ¿ya?, ¿a?, ¿no?, ¿me entiendes?, ¿no cierto?, ¿entiendes(dí)?, ¿cierto?, ¿viste?, ¿te has fijado?, ¿te fijas? y ¿sí? con una frecuencia de utilización muy desigual: el de uso destacado es ¿cachái? (86.7%), y los que se emplean también en Madrid presentan un uso ocasional en su corpus (¿no? ocupa el cuarto lugar en proporción -2.5%- y ¿entiendes? el quinto -2%-; no se documentan en este trabajo ¿sabes? ni ¿eh?). En los estudios de Santana (2017: 242-43; en prensa), el apéndice ¿no? se revela, al igual que en Madrid, como el más frecuente (el 66.04% en la totalidad del dominio estudiado; el 65.4% en Sevilla), lo que nos lleva a considerarlo como el recurso fático más empleado en todo el dominio hispanohablante, pues Santana trabaja con el macrocorpus de la norma culta, además de con el de Sevilla.34 Ahora bien, el hecho de que el apéndice ¿eh? aparezca en sexto lugar en orden de frecuencia y con una frecuencia de uso muy baja (2.5%; 16.8%), en el macrocorpus de la norma culta y PRESEEA-Sevilla respectivamente -en Sevilla ocupa el segundo lugar-, y el apéndice ¿sabes? esté en octavo lugar y sin llegar al 1% (0.9%) en el corpus de la norma culta y en tercero en Sevilla, con una frecuencia de 9.8%, junto con los hallazgos de San Martín, nos conduce a pensar en la existencia clara de variación diatópica y, por tanto, de marcadores sociopragmáticos geolectales, como es, sin duda, ¿sabes? en Madrid35 y ¿cachái? en Santiago de Chile.

Se ha podido constatar, además, que los apéndices interrogativos de uso frecuente están especializados funcionalmente. Por un lado, se ha de destacar que, en el corpus manejado, son, en su gran mayoría, fáticos (solo se ha documentado un 2.2% de casos de apéndices continuativos), lo que da cuenta de su naturaleza al confirmar su empleo básico como regulador interactivo. Por otro lado, es reseñable que lo habitual es que se utilicen para focalizar información relevante o importante (así es en el 95% de las ocasiones), lo que, en este caso, podría venir dado por el tipo de actividad comunicativa analizada: una entrevista semidirigida, y se relaciona, sin lugar a dudas, con el hecho de que, en el plano modal, intensifique en muy pocas ocasiones (en el 13% de los casos; la focalización ya llama la atención sobre la información a la que va dirigido el apéndice, por lo que no es necesario, salvo en ocasiones determinadas, una intensificación), dejando como relevante su uso estratégico de atenuador (40.3%). Por último, el propio empleo atenuador se relaciona, en muchas ocasiones, con las funciones pragmáticas de los apéndices en el plano interaccional. Como se ha explicado en diversos estudios sobre atenuación, el fenómeno puede relacionarse con estilos interaccionales de enfoque hacia el otro, lo que, sin duda, es acorde con la naturaleza apelativa de estos recursos que, tanto al buscar ratificación como al ratificar, involucran -directa o indirectamente- al interlocutor en la actividad comunicativa. En relación a las funciones que cumplen los apéndices de uso frecuente en el corpus analizado, se ha de destacar la siguiente especialización funcional: ¿no? se utiliza habitualmente como comprobativo, para buscar acuerdo, si bien es el elemento que sirve para prácticamente todas las funciones establecidas, aunque en mucha menor medida en el resto; ¿sabes? se usa en igual proporción como comprobativo, para buscar acuerdo, y como justificador; ¿eh? casi siempre es un justificativo que ratifica.36

No podemos dejar de mencionar los patrones sociopragmáticos que apuntan las grandes diferencias halladas en el empleo de apéndices interrogativos de control de contacto en Madrid (Vallecas), aunque deben considerarse aún provisionales por lo reducido de la muestra analizada. El empleo de estos recursos se ha mostrado como mucho más propio de la interacción, en registro semiformal, de hombres que de mujeres (el 66.3% de los casos, frente al 33.7%),37 de los adultos, que de los jóvenes y mayores (46.2%, 33.7% y 20.1%, respectivamente),38 y de las personas con nivel de instrucción alto, que de las que tienen instrucción baja y media (50%, 35.3% y 14.7%, respectivamente).39 Estos datos generales muestran valores relacionados con movimientos de prestigio abierto, por un lado: los adultos y las personas con nivel de instrucción alto presentan un estilo interaccional menos enfocado al yo y más enfocado al otro, involucrando asiduamente al interlocutor en la actividad comunicativa, lo que podría explicarse por su uso instrumental de la lengua, más determinado por su carácter eminentemente social -de relación social-. Por otro lado, como ya documentaran y comentaran Fuentes y Brenes (2014), contradicen la consideración tradicional de que el empleo de los apéndices interrogativos es propio del habla de las mujeres como marca de inseguridad,40 ya que, al igual que los datos de las investigadoras mencionadas -en discurso parlamentario andaluz-, en Madrid (Vallecas), son mucho más empleados por hombres que por mujeres, y ellas lo usan en mucha mayor medida como ratificador de su propia comunicación (así es en el 59.67% de los casos, frente al 16.12% en que lo emplean para buscar acuerdo y al 13.7% para constatar entendimiento), mientras que ellos lo hacen con aportes más variados, pero en mayor proporción para buscar ratificación de acierto (así es en el 34.83% de las ocasiones, frente al 31.14% en que los usan como justificativos y al 20.08% de confirmadores de entendimiento).41 Indudablemente, estos valores se relacionan con los apéndices más utilizados por las personas de diferentes sexo: los hombres usan mucho más que las mujeres ¿no? (son el 60.65% de los apéndices empleados por hombres, y el 20.96% de los usados por mujeres) y mucho menos ¿sabes? y ¿eh? (¿sabes? es el apéndice utilizado en el 33.06% de empleos de apéndices por parte de mujeres y en el 23.36% por parte de hombres; ¿eh? es usado en el 36.29% de los usos de mujeres y en el 15.98% de los de hombres).42 Estos hallazgos, como los obtenidos en otros estudios sociopragmáticos, revelan la diferente estrategia interaccional que caracteriza la actividad comunicativa de hombres y mujeres, y que permite hablar de patrones sociopragmáticos diferentes, que vienen dados por usos especializados de recursos pragmáticos; en este caso, se puede considerar una estrategia de enfoque al otro -cortés- más propia de la variedad masculina que de la femenina, lo que se complementa con los resultados obtenidos en el análisis de otros tipos de estrategias sociopragmáticas como la atenuación, la interrupción cooperativa, la producción de turnos de apoyo, etc., que constituyen marcas de cooperación en interacción;43 no obstante, la mujer y los jóvenes usan más los apéndices que, de manera indirecta, involucran al otro en la propia comunicación al emplear interrogativos fáticos para ratificar los propios contenidos que consideran relevantes.

Finalmente, dado que se viene considerando desde hace tiempo como marcador sociolingüístico de Madrid (Molina 2005; 2017), hemos de terminar llamando la atención sobre el empleo frecuente de ¿sabes?, que, en Vallecas, se revela como uso identitario de los jóvenes con instrucción primaria, y posiblemente se explique por un fenómeno de convergencia con los jóvenes de las zonas de clase sociocultural más alta de Madrid, que se consideran, prototípicamente, como personas con un “mejor” uso lingüístico y, en este caso, comunicativo, por el prestigio que irradia la capital. Ahora bien, no podremos confirmarlo hasta avanzar en la investigación analizando un corpus mucho más amplio, que incluya hablantes del barrio de Salamanca de Madrid, tarea que comenzaremos de manera inmediata.





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Notas al pie:

1.

fn1 Halliday, basándose en criterios estrictamente lingüísticos, distingue tres funciones básicas: 1) la función ideacional, que aparece cuando utilizamos el lenguaje para expresar contenidos, es decir, para expresar la experiencia del hablante sobre el mundo real; 2) la función interpersonal, que se da cuando utilizamos el lenguaje para establecer y mantener relaciones sociales, y 3) la función textual, que aparece cuando se utilizan elementos lingüísticos para unir las partes del discurso entre sí o con la situación en que se producen. Las dos primeras recuerdan, en parte, la práctica y la fática de Malinowski; la tercera, encargada de la cohesión textual, es totalmente novedosa con respecto a las ideas originarias de los autores antes mencionados, sin embargo, es útil tenerla en cuenta para nuestros propósitos actuales, pues muchos elementos que tradicionalmente cumplen una función fática son, además, medios de cohesión discursivos.

2.

fn2Sin duda, la formulación de Jakobson está relacionada con la que en su día presentó Malinowski sobre la comunión fática.

3.

fn3Véanse Ortega (1985 y 1986), Fuentes (1990a) y Briz (1998). Hemos partido de estos trabajos para la realización del estudio de recursos de función fática que llevamos desarrollando desde hace años y los consideramos, por tanto, marco teórico fundamental.

4.

fn4Véase, a modo de ejemplo, Martín Zorraquino (1994: 712-714), Blas Arroyo (1995), Portolés (1998) y Martín Zorraquino & Portolés (1999).

5.

fn5Véanse los trabajos clásicos de Ortega (1985; 1986) y Fuentes (1987; 1990a; 1990b; 1990c), así como la información que aparece en Briz, Pons & Portolés (2008) y, sin pretensión de exhaustividad, los estudios más actuales de los que se da cuenta, por ejemplo, en García Vizcaíno (2005), Rodríguez Muñoz (2009), Móccero (2010), Brenes (2011) y Fuentes & Brenes (2014).

6.

fn6El Análisis de la Conversación es la base teórica y metodológica de las investigaciones realizadas sobre los apoyos conversacionales. Véanse, como muestra, Cestero (2002) y Schegloff (1981).

7.

fn7Ejemplo claro de ello son los trabajos de Briz (1998), Pons (1998a; 1998b) o Cestero (2002-03; 2003a; 2003b), y los más recientes de Montañez (2007), Uclés (2015; 2017; 2018) y Santana (2017; en prensa).

8.

fn8Según esta autora, con ¿sabes? el hablante enfatiza pragmáticamente los elementos del discurso que considera información importante; se trata, así, de un elemento de búsqueda de confirmación y apoyo que “orienta la información desde la perspectiva del hablante, indicándonos lo que este considera necesario tener en cuenta, ya sea como una presuposición de algo que se conoce, y que interviene en la interpretación de lo que sigue, o como algo que se ofrece como información nueva” (Fuentes 1990a: 189).

9.

fn9La explicación que da Ortega del valor de este apéndice es la siguiente: “es empleado para justificar ante el oyente la adecuación del enunciado con que aparece. Pero en este caso semejante finalidad se alcanza mediante la estrategia siguiente: el hablante asume, por un lado, que alguien (cualquiera de los interlocutores, otra persona) haya emitido con anterioridad un aserto acerca de algún estado de cosas, y por otro, la opinión, que puede ser debida tanto a él mismo como al oyente o a otra persona, de que la correspondencia entre el mencionado aserto y lo que con él se describe no es comprobable en términos objetivos; establecido este preámbulo, el hablante se permite forjar otro aserto que, manifestando la misma interpretación de la realidad que el asumido, no carece ya de prueba que lo corrobore” (Ortega 1996: 285).

10.

fn10En palabras de la autora: “pueden referirse anafóricamente a lo dicho, o bien sustentar un valor catafórico, apuntando a lo que va a continuar. Su contenido es: apelar al oyente para que actúe como tal y preste atención sobre lo que se va a decir o se ha dicho, porque el hablante considera importante que lo asimile, ya sea porque es una información nueva o porque es un presupuesto, algo ya conocido, pero que se debe usar para entender lo que sigue” (Fuentes 1990: 195).

11.

fn11Véase también la investigación de Blas Arroyo (1995), aunque en este caso se trabaja con eh.

12.

fn12En el propio marco del proyecto PRESEEA, se ha comenzado a abordar previamente el empleo de los apéndices que tratamos y la incidencia en el mismo de factores sociales. Así lo han hecho, atendiendo a los apéndices como conjunto de recursos fáticos, San Martín (2011) y Santana (en prensa), y, centrándose en un único apéndice como marcador sociogeolectal, Molina (2005; 2017). Santana también atiende a la variación en otro trabajo reciente (2017), pero, en este caso, el estudio se hace sobre el macrocorpus de la norma culta, lo que permite comprobar variación geolectal.

13.

fn13Para obtener información sobre el proyecto, puede consultarse Lope Blanch (1986). El macrocorpus fue editado por Samper, Hernández y Troya (1998).

14.

fn14Para conocer los orígenes, el desarrollo y el estado actual del proyecto PRESEEA, puede verse Moreno Fernández (1996; 2006) y Cestero (2012).

15.

fn15Debe tenerse en cuenta que, como función estructural también, pero en otro orden de regulación, los apéndices pueden ser marcas de final de mensaje y turno y, por tanto, señales de cesión del mismo. No se tiene en cuenta aquí, pues tal valor se relaciona directamente con su carácter fático y su posición, y es simultáneo a variantes de esta variable; se trata, además, de componente inferencial.

16.

fn16Pueden reconocerse estas funciones, como apunta García Vizcaíno (2005: 93), por criterios de sustitución semántica y de posición en la unidad comunicativa: la función de control de contacto y seguimiento puede efectuarse también con expresiones como ¿sigues ahí? o ¿me sigues? y, cuando la cumple, el elemento se emite al final o al comienzo de una unidad de comunicación lingüística; para la función de continuación, sin embargo, no hay expresiones lingüísticas estereotipadas que puedan reemplazar al apéndice y, lo que es más importante, los elementos fáticos se emiten en cualquier punto de una unidad comunicativa y de manera repetida (suelen usarse varias veces en un mismo enunciado o acto de habla, como recuerda Uclés (2015: 336)).

17.

fn17Uclés (2015: 336; 2017: 272) ofrece algunos criterios para considerar intensificadores o atenuantes los apéndices interrogativos, concretamente los siguientes:

1) Intensificador: puede considerarse que un apéndice cumple esta función si se constata que, claramente, la voluntad del hablante es amplificar lo dicho.

2) Atenuador: los criterios que pueden permitir considerar que un apéndice interrogativo se emplea como atenuador son los siguientes:

- La imagen de alguno de los interlocutores puede estar amenazada.

- Existe voluntad de reducir el compromiso con lo dicho por parte del hablante.

- El enunciado contiene otros elementos atenuantes.

Además, según la investigadora, se puede tener en cuenta la reacción del interlocutor para saber si el recurso es atenuador o apelativo.

18.

fn18El criterio más apropiado para su identificación es la sustitución del apéndice interrogativo por ¿estás de acuerdo? o ¿no crees? (García Vizcaíno 2005: 91-92).

19.

fn19El criterio más apropiado para su identificación es la sustitución del apéndice interrogativo por ¿no es así?, ¿no es cierto? o ¿no es verdad? (García Vizcaíno 2005: 91-92).

20.

fn20Las paráfrasis para su identificación pueden ser las siguientes: ¿sabes de qué estoy hablando?, ¿entiendes de qué hablo?, ¿comprendes a qué me refiero?, ¿se comprende lo que quiero decir?

21.

fn21Las paráfrasis para su identificación pueden ser: ¿entiendes lo que digo o a qué me refiero? o ¿se comprende lo que digo?

22.

fn22Las paráfrasis para su identificación pueden ser: ¿entiendes a qué lugar me refiero?, ¿identificas el objeto del que hablo?

23.

fn23En estos casos, el apéndice equivale a ¿te das cuenta?, ¿te fijas?, ¿queda claro?, ¿ves cómo es así?

24.

fn24En estos casos, el apéndice equivale a date cuenta, que quede claro, que conste, fíjate, claro está, por supuesto, etc.

25.

fn25Resulta muy interesante la propuesta de estudio y codificación de Hidalgo (2016), enfocada hacia la prosodia y la modalización. Dada la complejidad del tipo de análisis que supondría, no la hemos empleado en este estudio específico, si bien, como se ha indicado previamente, la atenuación y la intensificación son dos de las variantes del nivel modal tenidas en cuenta como base de codificación y estudio también aquí.

26.

fn26Aparecen una vez cada una, excepto ¿sabes lo que te quiero decir? que aparece 5 veces y ¿sabes qué pasa? que aparece 3.

27.

fn27La variante simple se ha identificado en 2 ocasiones y ¿me entiendes? en 5.

28.

fn28Creemos conveniente mencionar que la alta frecuencia con la que se emplean los apéndices interrogativos con función atenuadora parece estar sujeta a variación diatópica. Como acabamos de mencionar, en Madrid es muy frecuente, lo que podría relacionarse con su carácter de gran urbe irradiadora de norma. Tal consideración se apoya en el hecho de que Uclés (en prensa) haya comprobado una frecuencia muy alta también en la Ciudad de México, frente a lo que acontece, según su estudio, en Valencia y Monterrey, mucho menos habitual.

29.

fn29Las letras son las usadas para codificar los valores interaccionales, y se corresponden con las siguientes funciones:

A Búsqueda de ratificación de acuerdo

B Búsqueda de ratificación de acierto

C Constatación de entendimiento del sentido de enunciados en marcha

D Constatación de entendimiento de enunciado con dificultades por anomalías en emisión

E Constatación de identificación

F Petición de repetición

G Petición de ampliación de información: apoyos de reafirmación

H Petición de cumplimiento de acto ilocutivo

I Ratificador de contenido proposicional (actos, enunciados o partes)

J Justificador

30.

fn30Los resultados obtenidos por Molina (2017) en el distrito de Vallecas de Madrid, con una muestra distinta y algo más amplia, son los mismos que hemos constatado nosotros: los hombres jóvenes con instrucción primaria y las mujeres jóvenes con nivel de instrucción superior son los que emplean de manera característica este marcador; a tal caracterización social le confiere la investigadora el perfil de líder, masculino y femenino, por el empleo del marcador sociolingüístico. En breve estudiaremos lo que acontece en el barrio de Salamanca de Madrid al respecto, considerado, en este caso, de clase media y media alta, ya que, según se menciona en un trabajo previo de Molina (2005: 1053), ¿sabes? podría presentar un patrón sociolingüístico distinto, pues la investigadora documenta que es más propio de las mujeres jóvenes y adultas con nivel de instrucción medio.

31.

fn31Estos resultados pueden ser relacionados con los obtenidos con respecto a la clase social de los sujetos de la muestra. Como se ha mencionado, en esta primera aproximación hemos trabajado con el corpus de Vallecas, distrito de Madrid caracterizado como de clase baja o media baja. Dado que la clase social no es un factor de control sociolingüístico en el corpus PRESEEA, las muestras no son homogéneas, pero, al tratarla como variable de posestratificación, hemos podido comprobar que los sujetos que mayor uso hacen de apéndices son los de clase medio-baja (229 casos), seguidos por los de clase baja (107 casos) y muy de lejos por los de clase media (32 casos), lo que permite relacionar el uso de los recursos con clases sociales más bajas, que podría explicarse por la producción de estilos comunicativos diferentes: con mayor o menor implicación del interlocutor.

32.

fn32En la investigación realizada por García Vizcaíno (2005) -español peninsular- resultaron ser ¿no? y ¿eh? los más frecuentes, lo que permite dar validez a los resultados aquí obtenidos y, por otro lado, considerar ¿sabes? como marcador sociolingüístico madrileño.

33.

fn33Estos datos, cercanos a los encontrados en los estudios previos realizados sobre conversaciones y discurso académico (Cestero 2002-03; 2003b), permiten concluir que la frecuencia de empleo de los distintos apéndices es general, y no propia de un tipo de actividad comunicativa, si bien hemos de recordar que, en las conversaciones y en el discurso académico, se identificaron mayor variedad de apéndices de la que hemos documentado aquí y que el discurso académico presenta un uso más frecuente de los apéndices ¿hm? y ¿eh?, sin duda, por la necesidad de justificar y llamar la atención continuamente sobre el contenido mismo propia del contexto educativo.

34.

fn34El estudio de Uclés (2018), aunque realizado con una muestra no muy amplia y en relación a la atenuación, permite corroborar que ¿no? es el apéndice interrogativo de uso general en variedades de los dos lados del Atlántico: Madrid, Valencia, Ciudad de México y Monterrey. Además, constata que ¿eh? es un recurso más propio de geolectos españoles, pues no lo documenta en las urbes mexicanas, y que ¿sabes? es un marcador sociolingüístico madrileño, única ciudad en la que documenta su uso. Por último, apunta a ¿verdad? como marcador mexicano, por haberse encontrado en las muestras de las comunidades del país, y no en otras (recordamos que en la nuestra es de uso ocasional).

35.

fn35Santana (2017: 245) apunta, también, el carácter de marcador geolectal de ¿ah? (que documenta en Caracas, Lima, San José de Costa Rica y Santiago de Chile) y de ¿no es cierto? (documentado en Bogotá, Buenos Aires, La Paz, Lima y Santiago de Chile). Tendremos datos más concretos y significativos cuando se realice la investigación coordinada con los corpus PRESEEA.

36.

fn36Con estos valores especializados se pueden relacionar también los presentados por García Vizcaíno (2005) como más frecuentes. La autora destaca el empleo como comprobativo de ¿no? (2005: 91-92) y como refuerzo expresivo -nuestro justificativo- de ¿eh? (2005: 94). Sobre funciones pragmáticas de ¿no? y ¿eh? puede verse también el estudio de Rodríguez Muñoz (2009).

37.

fn37Lo que contrasta con los resultados de Santana en diversos lugares de habla hispana (2017: 247) que le permiten constatar un mayor uso por parte de mujeres que de hombres, aunque la diferencia es muy poca y, por tanto, no significativa: el 51.92% es empleado por mujeres en el macrocorpus que analiza y el 48.08%, por hombres. Estos datos apuntan, en nuestra opinión, a variación geolectal en relación a estrategias sociopragmáticas, tal y como se ha comprobado en otros tipos de recursos, que presentan una frecuencia de empleo mucho mayor en ciertas comunidades del otro lado del Atlántico (Cestero en prensa; Albelda, Cestero, Guerrero, Palacios & Samper en prensa), aunque no en otras, en las que el patrón es el mismo, como permite comprobar los resultados de San Martín en el habla de Santiago de Chile (2011: 159): los hombres emplean muchos más apéndices interrogativos que las mujeres (67.5% frente a 32.5%). Este mismo patrón se repite en Sevilla, al menos en los sociolectos alto y bajo (Santana en prensa).

38.

fn38Lo que parece tratarse de un patrón general, ya que se repite en los resultados obtenidos por Santana (2017: 247): el grupo etario que mayor empleo hace de los apéndices interrogativos es el segundo (41%), seguido de los jóvenes (35.74%) y de los mayores (23.25%). No obstante, son muy diferentes a los hallazgos de San Martín (2011: 157) quien, precisamente por aparecer en su corpus como uso fundamental el empleo de ¿cachái?, marcador sociolingüístico identitario juvenil, documenta una mayor frecuencia de uso en el grupo etario primero, en el tercero y en el segundo (82.2% frente a 10.8% y 7%, respectivamente); ahora bien, si atendemos al marcador ¿no?, el general, la proporción por grupo de edad varía: los que más lo empelan son los mayores, seguidos de los jóvenes, aunque la diferencia es tan grande (2.4% frente a 0.1% y 0%) que se puede decir que es solo propio del habla de mayores en Santiago de Chile. También son distintos los resultados obtenidos por Santana en Sevilla (en prensa), pues, en la urbe andaluza, los adultos son los que más emplean los recursos (41%), pero seguidos de los mayores (38.37%) y, muy de lejos, de los jóvenes (19.83%).

39.

fn39Tenemos datos de Sevilla y de Santiago de Chile para comparar la incidencia del nivel de instrucción y van en la misma línea de los mencionados sobre el grupo generacional. En Sevilla, como apunta Santana (en prensa), los resultados son muy similares a los obtenidos en Madrid: los sujetos con nivel de instrucción alto emplean mucho más asiduamente los apéndices que los que tienen nivel bajo (65.14% y 34.86%, respectivamente). Sin embargo, según San Martín (2011: 155-156), los sujetos con nivel de instrucción bajo son los que más emplean los recursos que tratamos, seguidos de los de nivel de instrucción alto y de los de nivel de instrucción medio (42.5%, 37% y 20.5%, respectivamente); se trata de datos que contrastan con los obtenidos en Madrid y Sevilla debido, sin duda, a que el apéndice más empleado es un marcador sociolingüístico. Si nos fijamos en el uso de ¿no? en Santiago, vemos que lo utilizan casi siempre las personas con instrucción alta (2.3%), seguidas de las que tienen instrucción media (0.2%) y nunca las que tienen baja (0%).

40.

fn40En palabras de Fuentes y Brenen (2014: 183), de que la variedad de la mujer es deficitaria, con respecto a la masculina, desde la perspectiva de la “dominación”.

41.

fn41Estos datos han resultado significativos (.000) siempre en los análisis de contingencia realizados correlacionando el sexo y la función en el plano interaccional de los apéndices, tanto en las pruebas Ji2, como en Phi, V. de Cramer, Coeficiente de contingencia y correlación de Spearman.

42.

fn42También en este caso todas las pruebas realizadas permiten considerar estos resultados como significativos (.000): Ji2, Phi, V. de Cramer, Coeficiente de contingencia y correlación de Spearman.

43.

fn43Los resultados obtenidos en este estudio son, de nuevo, similares a los obtenidos en las investigaciones sobre conversaciones realizadas (los hombres utilizan en conversación más asiduamente las formas interrogativas estudiadas -169 casos frente a 74-; sin embargo, difieren de los hallados con respecto al discurso académico, en el que, en compensación a un menor empleo de otras estrategias cooperativas (turnos de apoyo, atenuación, etc.), la mujer involucra “al otro” y llama la atención con estos recursos fáticos mucho más frecuentemente que el hombre (135 casos frente a 49). Sin duda, el tipo de actividad comunicativa -conversacional o institucional académica- es determinante en el empleo de estos recursos como estrategias cooperativas.


fn44Cómo citar: Cestero Mancera, Ana María. 2019. Apéndices interrogativos de control de contacto: estudio sociolingüístico. Cuadernos de Lingüística de El Colegio de México 6(1), pp. 1-65. DOI:10.24201/clecm.v6i1.111


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Cuadernos de Lingüística de El Colegio de México, Año 6, Número 1, 2019. Esta es una publicación semestral electrónica de difusión gratuita editada por El Colegio de México, Entronque Picacho–Ajusco 20, Fuentes del Pedregal, Tlalpan. CP 10740, Ciudad de México. Contacto: cuadernosdelinguistica@colmex.mx. Editores responsables: Julia Pozas Loyo y Violeta Vázquez Rojas Maldonado. Reservas de Derechos al Uso Exclusivo núm. 04–2013–091813014400–203; ISSN 2007–736X, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Composición tipográfica: El Atril Tipográfico, S.A. de C.V. Diseño web: Periferia Taller GráficoCamino al Ajusco 20, Pedregal de Santa Teresa, Tlalpan. CP 10740, Ciudad de México. Última modificación: 28 de febrero de 2019.

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